JESÚS, AMIGO DE JUANITO

JESÚS, AMIGO DE JUANITO.


 Todos los años Juanito esperaba anhelante la llegada de la Navidad.
Sus cortos once años le recordaban una inolvidable Nochebuena llena de amor, de juguetes y alegría. Y es que hasta los cuatros añitos, él disfrutaba de toda la felicidad que significaba, esta fiesta. Fue la última navidad feliz para Juanito.
A partir de los cinco años, cada Navidad era tristeza y añoranza, porque faltaba alguien que la hiciera feliz.
En su casa, la abuelita arreglaba el nacimiento como era su buena costumbre, y el niño junto con ella, rezaba por el retorno de su mamá. Todos los días, cogía los pies del Niñito Jesús y le decía: -Jesusito, tráela pronto a mi mamá.
Hacía cerca de siete años que no veía a su madre. Ella había viajado fuera del país, buscando nuevos rumbos y mejoras de vida. El niño, desde los cuatro años quedó al cuidado de la abuela materna y los tíos. Ellos lo educaron y lograron que el niño culminara la etapa de Educación Primaria. La Clausura del Año Escolar se acercaba. La Promoción del último año de estudios primarios, iban a festejar con solemnidad. Cada alumno debería ir a la ceremonia, acompañado de sus padres. Para esta oportunidad, Juanito solo contaba con la valiosa presencia de la abuelita, porque los tíos no podían asistir. Sin perder la fe, se arrodilló ante el Nacimiento armado en su casa, y casi a gritos oraba: - Niño Jesús, todos los años te pido que la traigas a mi mamá y no me escuchas. Yo soy buen alumno. Ayudo en casa. Soy obediente. Ayúdame por favor-  Y rompió en llanto.
Resignado se fue con la abuelita a la ceremonia de Promoción.
Empezaron a llamar a los alumnos por orden alfabético para otorgarles el recuerdo de promoción.
Llamaron a Juan Paulet Torres. Él se acercó a la Mesa de Honor junto con la abuelita Rosario. Ella le entregó el Diploma y en el preciso momento en que la abuelita iba a colocarle la Medalla de Promoción, una mano femenina se extendió, recibió la medalla y se la puso a Juanito. Había llegado su amada mamá. La alegría era indescriptible en el Salón de Actos. Todos aplaudían emocionados al ver el abrazo que se prodigaban la madre y su hijo, al volverse a ver después de siete años.
Este año la Navidad sería feliz nuevamente en la casa de Juanito. El Niñito Jesús había obrado el milagro. Juanito nunca perdió la fe.
AUTORA: IRIS GIRÓN RIVEROS.
LIMA - PERÚ.


fe y libertad
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