viernes, 2 de octubre de 2015

El ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina

fe y libertadEl ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina
-  Parte # 1 -


Las motivaciones de los conspiradores
Trujillo: la verdadera Historia de su Fatidico final (1 de 2)
El ambiente ya está demasiado caldeado como para intentar siquiera moverse, no fuera cosa que el Jefe lo malinterpretara y su ira se volviera aún más aplastante.
Por : Etzel Báez
Nota: esta es una adaptación de un guión de nuestra autoría. El trabajo fue hecho a partir de numerosas entrevistas, pesquisas en publicaciones, archivos personales, documentos del departamento de Estado norteamericano desclasificados, asi  transquicciones de testimonios de personas envueltas en el complot que ajustició a Rafael Leonidas Trujillo Molina el 30 de mayo del 1961, en Santo Domingo, capital de la República Dominicana.Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo de Guzmán).

 
MARZO DE 1961
Avenida George Washington (Malecón).

Al alba de ese día un grupo de vehículos corren por la avenida y se van disgregando. Se estacionan a bastante distancia unos de otros. Una camioneta Opel se lanza velozmente por la carretera y rápidamente un Buick la persigue. Un Land Rover, del ingenio azucarero Vicini, trata de interceptar la Opel negra y blanca en fuga y que esquiva a otra camioneta que le cierra el paso. Finalmente, la Opel frena de súbito para evitar el choque con el Land Rover. La camioneta, el Buick y el Land Rover cercan la Opel en operación de ataque.

Era una cálida mañana de marzo del 1961.

Un grupo de dominicanos se preparaba con el propósito de ajusticiar al tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina, quien gobernaba la República Dominicana desde el 1930, cuando tomó por asalto la presidencia luego de dar un golpe de Estado al entonces presidente Horacio Vásquez. Ahora los ocupantes de los vehículos bajan y se reúnen a discutir el ensayo. El plan elegido era interceptar y eliminar a Trujillo. En ese ensayo estaban Juan Tomás Díaz, Antonio de la Maza, Manuel de Ovín Filpo (inmigrante español y agrónomo), Roberto Pastoriza, Salvador Estrella Sadhalá y Huáscar Tejeda.

Huáscar: Definitivamente debemos tener un carro más rápido.

Juan Tomás Díaz: ¿Qué te pareció, Antonio?

Antonio de la Maza calla un instante, mirándolos a todos. Y entonces habla con firmeza y determinación.

Antonio de la Maza: Sí, carros potentes, nuevos. No podemos fallar. Todo lo que sea necesario para eliminar de una vez y por todas a ese bastardo.

Los conjurados de mayo del 1961 no fueron los primeros en conspirar contra la dictadura de Trujillo. Ya en junio del 1959 valientes patriotas llegaron al país por aire y mar, iniciando una batalla desigual contra las fuerzas del tirano. Muchos murieron en las montañas de Constanza, de Maimón y en la playa de Estero Hondo. Los jóvenes que fueron presos murieron torturados por los esbirros del tirano. Al final, sólo cinco sobrevivieron, dos de ellos cubanos (vivo está el héroe nacional Delio Gómez Ochoa).

Algunos jóvenes criados al amparo del trujillismo, intentaron salvar a algunos compatriotas. Huáscar Tejeda, junto con su esposa, trató de convencer a funcionários del regimen y habló con Modesto Díaz, presidente del Partido Dominicano, única institución política de la época.

1959. CASA DE MODESTO DIAZ
Huáscar Tejeda llegó a casa de Modesto Díaz en compañía de su mujer Lindín.

Huáscar: Modesto, tú y tu hermano Juan Tomás pueden salvar a esos muchachos. Debemos ayudarlos. Trujillo los matará a todos.
Modesto lo para en seco.

Modesto Díaz: Mira Huáscar, ese es un asunto muy peligroso. Ten mucho cuidado con quien tú hablas de esto. Una cosa es acabar con Trujillo, pero… no creo que esos sediciosos deban ganar. No te preocupes por esos comunistas y concéntrate en tu trabajo.

Ya en la calle

Huáscar se dispone a salir de la casa de Modesto. Lindín, su esposa, lo ha estado esperando en el carro.

Lindín: Huáscar, ¿y qué te dijo Modesto?

Huáscar: Qué va… No puede hacer nada, hasta él está en desgracia. Todos esos muchachos van a morir. Oye Lindín, estoy harto de esta vaina. Si Trujillo no fuera tan abusador las cosas estarían de lo más bien.

 

1960. EN EL PALACIO PRESIDENCIAL
Modesto Díaz y su hermano, el general Juan Tomás Díaz, habían caído en desgracia. La hermana de ellos, Gracita Díaz, era opositora de Trujillo. Cierto día fueron invitados a un almuerzo en el Palacio. Trujillo, sentado, mira con el rabillo del ojo a los hermanos Díaz. Ellos, junto a otros, están ligeramente incómodos y ya perciben que serán de nuevo humillados en público y saben porqué.
Trujillo: Señores, como ustedes saben, la señora ésa, Gracita Díaz, es   de los prófugos metidos en la embajada del Brasil. Ella es quien debería llevar los pantalones, porque lo que son Juan Tomás y Modesto no sirven para nada.

El general Díaz hace un ademán pidiendo la palabra, sin advertir que Trujillo va a aprovechar para pararlo en seco y desconsiderarlo.

Juan Tomás: Jefe, si usted me permite explicar…

Trujillo: Cállese. No me venga con pendejadas. Yo los mandé a que sacaran a Gracita de la embajada, ¿y qué pasó? Nada. Pero esta vaina se acabó. Todos mis enemigos van a morder el polvo de la derrota. Cóño, yo no sé qué hago con dos blanditos como ustedes.

El ambiente ya está demasiado caldeado como para intentar siquiera moverse, no fuera cosa que el Jefe lo malinterpretara y su ira se volviera aún más aplastante. La respiración de los presentes vuelve a su normalidad cuando el tirano sale intempestivamente del salón. Automáticamente, los hermanos Díaz aprovechan el momento para también salir en silencio y con un pesado sentimiento de agravio a su condición de hombres. El general Díaz había sido retirado del ejército, siendo el fin de su carrera militar. Su amargura fue mayor al saberse parte de la legión de dominicanos que habían sido utilizados, vejados y desconsiderados por Trujillo.

 

CASA DE JUAN TOMAS DIAZ
Los hermanos Díaz entran a la casa de Juan Tomás visiblemente malhumorados. Fuman persistentemente. En el trayecto del Palacio a la casa no abrieron la boca. Pero ya en la casa dan riendas sueltas a sus reacciones ante la humillación.

Juan Tomás: Está bueno de aguantar vainas… Yo no sé lo que tú vas a hacer, pero yo sí sé lo que voy a hacer, yo sí sé…

Modesto: Hay que hablar con Antonio de la Maza, te lo he dicho mil veces. Acuérdate lo que sufre con el asesinato de su hermano Tavito.

Juan Tomás: El Jefe que se cuide del mocano ése. Ahí la sangre pesa más que el dinero, por más que le den contratas del gobierno para comprarlo… No señor, los De la Maza se la van a cobrar a Trujillo.

1960. EN EL PALACIO DE LA PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA

Antonio de la Maza llega al despacho de Trujillo, quien lo saluda con un abrazo.

Antonio fue oficial del ejército y dado de baja por caprichos del tirano. Pero su resentimiento y odio contra éste se originan en la muerte de su hermano Octavio, alias “Tavito”, y quien había sido acusado de la muerte del piloto norteamericano Lester Gerald Murphy, que había traído al país al intelectual español Jesús de Galíndez, y quien luego de ser secretario de Trujillo abandonó el cargo refugiándose en Estados Unidos, donde organizó una campaña contra el régimen trujillista. Secuestrado en territorio norteamericano fue traído a los pies de Trujillo, quien lo torturó hasta la muerte.

Trujillo: Antonio, te mandé a llamar porque necesito que tú te encargues de la construcción de la carretera que va de Loma de Cabrera a Restauración…

Antonio cierra los ojos, muerde fuertemente y los músculos de la cara quedan tensos, traga y siente el beneficio de la contrata como un veneno que cae en su corazón lacerado por la pérdida de su hermano a manos del dueño de aquellas palabras. Disimula, pues ya en su cabeza anda la respuesta ante tantas indignidades.

Trujillo: A propósito, quiero recordarte lo de Tavito, un oficial ejemplar, meritorio. Ah, cuántos chismes, todavía hay gente que piensa en que la Policía tuvo que ver en su muerte.

Antonio vuelve la cabeza hacia arriba, en sus adentros pide a Dios que lo ilumine. No sabe de dónde viene una mueca que se convierte en una sonrisa y logra dar una respuesta.

Antonio: Nosotros no le estamos diciendo, ni tampoco lo estamos pensando…

Trujillo extiende la mano hacia Antonio De La Maza.

Trujillo: Mira, aquí tienes un cheque para que comiences a trabajar.

EN LA CASA DE ANTONIO DE LA MAZA


Antonio llega a su casa, visiblemente indignado con lo que le acaba de ocurrir con el asesino de su hermano. Aída, su esposa, advierte la incomodidad y casi adivina.

Aída: ¿Vienes del Palacio?

Antonio: Mira, Aída, ya no aguanto más esta situación. Todo el mundo piensa que soy un mimado de Trujillo. Pero qué vaina me están echando…

Aída: Antonio, tú tienes que hacer algo, no puedes vivir así con ese tormento…

Antonio: Este maldito cheque no me sirve para nada, o mejor va a servir para algo que este pueblo va a agradecer, voy a hacer algo mucho mejor que una carretera, voy a empezar a construir otra cosa. Te lo juro, Aída, por la memoria de Tavito.

Antonio: Ay, Antonio, ¿no será que tú sigues pensando en eso? Vas a desgraciar tu vida…

 EN LA CARRETERA DUARTE. PROXIMO A SANTIAGO

Antonio de la Maza se encuentra con Angel Severo Cabral, quien albergaba la misma actitud conspirativa contra Trujillo. Conversaban sobre Miguel Angel Báez Díaz, primo de Juan Tomás y Modesto Díaz, quien era uno de los hombres del gabinete de Trujillo, pero que se había sumado a las actividades conspirativas. Repasaban nombres como el de Salvador Estrella Sadhalá, hijo del general Piro Estrella, muy amigo de Antonio de la Maza, también sumado a los planes contra Trujillo.

Antonio: ¡Qué barbaridad! Fíjate lo que le hicieron a las hermanas Mirabal. Un crimen asqueroso. A este loco ya le cogió con matar mujeres.

Sadhalá: Trujillo hace mucho tiempo que se pasó de la raya, no oye a nadie, hace lo que le da la gana. Ni la Iglesia se salva. Reniega del Concordato que él mismo firmó con la Iglesia Católica. Esa Carta Pastoral cortó la luna de miel…

Las masacres del regimen trujillista contra los héroes de junio del 1959, contra los del Movimiento 14 de Junio y el asesinato de las hermanas Mirabal fueron hechos que pesaron para que la Iglesia Católica, profundamente dolida, dirigiera un mensaje de protesta y clemencia, la Carta Pastoral del Episcopado Dominicano.

Antonio: ¡Tenemos que hacer algo para acabar con ese loco!

Sadhalá: Se está pensando en eso. A propósito, tengo otro amigo para esto, él tiene un hermano condenado a 20 años, ese es otro preso de Trujillo.

Antonio: ¿Quién es? El amigo mío se llama Antonio Imbert Barrera y el hermano preso se llama Segundo.

Antonio: Ese Imbert Barrera, sí lo recuerdo, trabajó en la Cédula y fue gobernador de Puerto Plata cuando la invasion del 49.

Sadhalá: Anjá, ese mismo. Desde aquella vez, no sé si tú te acuerdas que hubo una confusion y muchos de los invasores quedaron vivos, entre ellos Horacio Ornes.

Antonio: Sí, me acuerdo de todo eso. También me habías hablado del teniente García Guerrero.

Sadhalá: Ah, sí. Amadito, tan buen oficial, buena persona, pasa por una penosa situación y está terriblemente disgustado, él y muchos jóvenes oficiales.

ENERO 1961. EN EL CUARTEL DEL SIM

El teniente Amado García Guerrero era miembro del Cuerpo de Ayudantes Militares de Trujillo, era uno de los pocos oficiales escoltas del tirano. Por esa condición era vigilado. En cierta ocasión, por sospecha, se le puso a prueba de lealtad por el Jefe, cumpliendo órdenes se presentó al despacho del jefe del SIM, el temible asesino Johnny Abbes, quien personalmente lo mandó a matar a un jovencito que era prisionero del regimen.

El muchacho permanecía sentado en una silla, terriblemente golpeado. En la habitación sólo estaban Abbes, Amadito y el prisionero.

Johnny Abbes: Teniente, aquí sabemos que usted anda medio disgustado con el Jefe.

Tte. Amado: No. Yo lo que estoy es inconforme con que el ejército no me haya dado permiso de casarme con mi novia. Usted también se sentiría así. ¿No?

Johnny Abbes: No, porque la mía no es familia de enemigos de Trujillo. Y quien es amigo de los enemigos del Jefe es un conspirador. Usted está aquí para probar su lealtad. Termine.

Rafael Leonidas Trujillo Molina by Otto Piron}
Trujillo en su juventud
Amadito está tenso, la respiración se va haciendo corta. Lanza una dura mirada al siniestro Abbes, quien levanta la cabeza, lo mira con el rabillo del ojo y lentamente baja el rostro dirigiendo su funesta mirada al prisionero, recalcándole en ese gesto la orden de matar. Ahora espera la ejecución a manos del confundido oficial. El joven condenado comienza a sentir su tragedia, intenta hablar y solamente le salen suspiros, sólo eso se escucha en la habitación. En cuestión de segundos, el ruido característico de una pistola al ser sobada corta el gemido del muchado y una bala disparada rompe aquella joven vida con un tiro a la cabeza. Amadito guarda su arma de reglamento, y en ese instante siente que su paz desaparece. Su mirada no es la misma, está perdida. Oye una voz que le dice que se vaya, pero no se mueve y la voz insiste.

Johnny Abbes: Teniente, le dije que ya se podía marchar, váyase. Preséntese ante sus superiores. ¡Teniente, carajo!

Abbes lo agarra por un brazo para sacarlo de su despacho. Amadito hace un movimiento brusco y se suelta. Sus miradas chocan y el temible asesino siente que aquel joven oficial está alterado, por lo que cambia de táctica.

Johnny Abbes: Por favor, teniente…

Amadito sale del despacho, va aumentando el paso hasta salir finalmente del edificio que alberga al SIM. Quisiera gritar, se contiene y finalmente sentencia.

Amadito: Juro, aunque sea lo último que haga en mi vida, Dios perdóname, no soy asesino… Qué han hecho conmigo, Virgen de la Altagracia, maté, maté, Dios del cielo, ayúdame… Ya sé, eso es lo que haré. Voy a usar la próxima bala para terminar con ese criminal. Trujillo, te lo juro…

EN LA CASA DE JUAN TOMAS DIAZ

Reunión conspirativa. Junto a Juan Tomás están Amadito y Pedro Livio Cedeño, también oficial del régimen caído en desgracia por sospechas del tirano.

Pedro Livio: Juan Tomás, tú sabes mi posición con relación a Trujillo. Ese mierda está jodiéndonos a todos.

Amadito: Fifí Pastoriza piensa lo mismo.

Pedro Livio: ¿Ese no es Roberto…?

Juan Tomás: Sí. Roberto Pastoriza y Huáscar Tejeda ya están con nosotros.

Pedro Livio: ¡Ah, caramba! Pero a ellos les dieron varias obras del gobierno. Coño, aquí hay mucha gente disgustada…

Juan Tomás: Te digo que esos dos ingenieros no están ciegos. Y están dispuestos a jugársela.

Pedro Livio: Eso mismo, gente con cojones para acabar con esta vaina. Ah, y me enteré que también se sumó a nosotros Imbert Barrera. ¿Qué tú vas a hacer con él Juan Tomás?

Juan Tomás: No sé, de eso que se ocupe Antonio, talvez vaya en el grupo de acción, pero no es seguro.

Ante la respuesta Amadito y Pedro Livio se miraron, luego advierten que Juan Tomás está pensativo y tratan de cambiar el tema. Juan Tomás se refería al grupo de combate que eliminaría a Trujillo. Hasta ese momento el grupo fue formado, en principio, por todos los hermanos De la Maza, además del español Manuel de Ovín Filpo, Tunti Cáceres, Pedro Livio Cedeño, Salvador Estrella Sadhalá, Huáscar Tejeda, Roberto Pastoriza y el teniente Amado García Guerrero. Y quienes ya estaban realizando prácticas de emboscada militar.

En ese instante entra Antonio de la Maza.

Antonio: Claro que hay hombres, buenas noches, caballeros. Lo que dice Huáscar es verdad, pero no escuché todo, ¿cuál era el tema?

Modesto: Qué tal, Antonio. Planteaba que después de eliminar a Trujillo, ¿quién gobernaría? Es simple, lógico, este complot debe tener un sentido político, debe traducirse en un golpe de Estado con un plan que satisfaga nuestras aspiraciones dentro de un contexto político aceptable, conservador, democrático. Fíjense, aquí hay muchos grupos trujillistas y ya hemos visto que existe el embrión de una oposición fuerte que trabaja en silencio, subrepticiamente. Nadie puede con Trujillo, ni la OEA ni los norteamericanos que lo pusieron ahí.

Juan Tomás: Ya hemos visto cómo se burla de todo el mundo, puso a un títere, a Joaquín Balaguer, como Presidente y asimismo sigue dando órdenes. Necesitamos un alto jefe militar. Hemos estado analizando la situación, quién puede ser, se habló de Luis Amiama Tió para que tanteara a Pupo Román.

Fifí Pastoriza: Ahí sí, con Pupo estaríamos del otro lado.

Antonio: No cantes victoria, Fifí. Tranquilo. Dime, Modesto, ¿cuándo hablarán con el general Román?

EN LA CASA DE PUPO ROMAN

Conocido como Pupo, se trataba del general José Román Fernández, el militar de mayor rango después del Generalísimo Trujillo. Emparentado con la familia Trujillo por haber contraído matrimonio con una sobrina del tirano, sin embargo sufría los excesos y autoritarismo del Jefe. Enrolarse en el complot le fue posible debido a su entrañable amistad con Luis Amiama Tió, de quien era compadre. Tió habría comentado con Pupo su descontento del regimen, siempre en privado. Pero la conversación definitiva se produjo en una hacienda de Pupo, pocos días antes del 30 de mayo.

Pupo Román: Nunca me había visto en esta situación, con tantas deudas. Me está matando ese préstamo del Banco Agrícola y el Jefe parece que disfruta eso, el otro día le pedí que me ayudara hasta que yo pueda resolver y pagar, pero se hizo el que no me oyó. Coño, cuánta humillación.

Tió: Te entiendo, ya pasé por eso. Sin embargo, tú con la posición que tienes deberías tener mayor suerte.

Pupo: ¿Dónde tú crees que vives? Trujillo da y quita todo aquí, si él quiere tú te jodes en un pestañar, no mi querido Luis, parece que la vejez le está cogiendo con hacer más maldad, goza todo lo mal que la pasamos, incluso quienes le servimos. Disfruta que tú no te imaginas, yo que lo veo todos los días sé lo que pasa, cómo se ríe del mal ajeno. Primero él, y los demás que se jodan, que se los lleve el mismisimo diablo.

Tió: Podrías ocupar su lugar. Te voy a confesar lo siguiente y si no estás de acuerdo te pido que en honor a nuestra amistad me guardes el secreto.

Pupo: No, no, no, espera. ¿No me digas que tú también estás…?

Tió: ¿Conspirando? Sí, y no sólo yo, te asombrarías de la cantidad de gente con la que estoy.

Pupo: ¿Por qué me dices esto? ¿Tú te estás volviendo loco?

Tió: Te lo digo porque te necesitamos.

Pupo: ¿A mí?

Tió: Compadre, esto es muy serio, no es cosa de muchachos, ni estoy loco, estoy igual que tú desesperado con esta situación. Tú no quieres este régimen, ¿o estoy equivocado?

Pupo: No, no estás equivocado compadre. ¿Quién más sabe que estamos hablando de esto, de lo que tú propones?

Tió: Hay mucha gente valiosa, es una necesidad patriótica…

Pupo: ¿Quién? Dígamelo o cortamos aquí mismo el tema…

Tió: Juan Tomás, Modesto…

Pupo: ¿Los hermanos Díaz?

Tió: También Salvador Estrella Sadhalá, Pedro Livio Cedeño…

Pupo: Ya está bueno de nombres. Ahora, ¿qué hay de los norteamericanos?

Tió: Hay contactos. Después de la condena de la OEA, Trujillo se quedó sin el apoyo de los norteamericanos, está como la arepa. Nosotros ya estamos hablando de un golpe de Estado.

Pupo: ¿Y ustedes creen que hay condiciones para darle un golpe de Estado a Trujillo?

Tió: Por supuesto. Claro, habría que ir más lejos…

Pupo: Hablemos claro. Un golpe de Estado sólo da resultado si Trujillo muere y todos sus familiares son exiliados, ya sus hermanos hay que hacerlos presos o sacarlos también de aquí, eliminar todo el aparato represivo, el SIM, Johnny Abbes…

Tió: Estamos de acuerdo. Pero las condiciones, éste estado de cosas, él mismo se las buscó. Cometió muchos errores. Ese atentado al presidente venezolano, Rómulo Betancourt, ahora romper con la Iglesia Católica, la OEA presionándolo con sanciones… aquí no se sabe lo que va a pasar, a Trujillo se le están cerrando todas la salidas.

Pupo: ¿Cuál es el plan de ustedes? ¿Qué esperan ustedes de mí?

Tió: Bien. Una vez desaparecido Trujillo, se crearía una Junta Cívico-Militar encabezada por ti. Pupo, es una necesidad patriótica. ¿Tu trabajo? Mantener el control del ejército. Bueno, ¿entonces podemos contar contigo?

Pupo: Dos condiciones. Debo estar al tanto de cada paso del complot.

Pupo Román hace un largo silencio. Tió no habla nada, apenas espera que diga su otra condición, casi lo adivina cuando el general menciona con firmeza extrema la demanda que suena como una sentencia.

Pupo: No me muevo hasta no ver con mis propios ojos el cadáver del Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina.

El general citó al tirano con el grado militar, nombres y apellidos. Lo hizo casi deletreando cada sílaba. In crescendo. Mirando fijamente a su interlocutor. Tió movió ligeramente la cabeza, con aquel gesto característico de afirmación. Sus manos diestras se acercaron lentamente hasta alcanzarse una a la otra, apretándose fuertemente. Ambos pronunciaron la palabra siguiente como si la hubiesen practicado muchas veces:

Pupo/Tió: ¡Hecho!

EN LA FINCA DE PUPO ROMAN

En la fiesta de cumpleaños de Pupo Román estaban varios de los complotados para derrocar a Trujillo y su régimen. Presentes estaban Pupo, su esposa Chana y sus hijos; Modesto, Juan Tomás, Miguel Angel Báez Díaz, Amiama Tió, algunos familiares de los conspiradores y convidados de confianza. Alguien coloca un disco y se inicia el merengue “Salve San Cristóbal”, algunas parejas dan los primeros pasos y la música es cortada. Es Pupo el de aquella acción.

Pupo: Perdónenme. Es que ya la hemos oído mucho. Vamos a poner otro merenguito bastante bueno, dedicado a mi amigo Juan Tomás.

Se escuchan las cadenciosas notas musicales del merengue “Compadre Pedro Juan”.

Pupo: Hay que variar la música…

Se le acerca el grupo de complotados.

Juan Tomás: Claro Pupo. Hay que variar la música. Tiene mucho tiempo. Ya es hora.

Modesto: Felicidades Pupo. Me gustaría celebrarlo contigo como Presidente algún día. Tenemos buenas noticias: la CIA está cooperando con nosotros. El cónsul norteamericano dice que su gobierno acepta que seas tú el sucesor de Trujillo…

Pupo: ¿Cómo?

Juan Tomás: Por supuesto, en una eventual desaparición del Jefe. En realidad esa fue nuestra única propuesta, pues no queremos a más nadie en ese puesto.

Pupo: Baja la voz.

Miguel Angel Báez Díaz inicia el “cumpleaños feliz…” Era uno de los más cercanos colaboradores de Trujillo, pero también se había colocado del lado contrario y trabajaba en el complot subrepticiamente. La simulación era su mejor arma y la dispuso a favor del complot vigilando cada paso del Jefe. Por un instante, Pupo recordó el momento más amargo que le había tocado vivir. Cuando visitó el lugar donde habían sido asesinadas las hermanas Mirabal.

1960. LA CUMBRE, DONDE MATARON A LAS HERMANAS MIRABAL

Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por orden del tirano el 25 de noviembre del 1960. Semanas después del asesinato a manos de esbirros del tirano, Trujillo visitó el lugar en compañía del general Pupo Román.

Trujillo: Entonces, fue por aquí que cayeron las Mirabal. Lamentable. Un horrible accidente que los enemigos del régimen me atribuyen.

Nadie dijo nada. Pupo Román apretó los labios. Conocía ese tono de Trujillo. Entendió que decir algo, cualquier cosa, aun corroborando lo que decía Trujillo, sería malinterpretado. Aquel tono del tirano era inconfundible, pues hablaba en voz alta y no esperaba la opinion de nadie, apenas el silencio cómplice.

EN LA CASA DE PUPO ROMAN

Obviamente, siendo una operación militar el cerco y eliminación de las tres hermanas Mirabal, Pupo era uno de los sospechosos del crimen. Se desahoga con su hijo José René, también militar.

Pupo: Si es así como Trujillo quiere mantenerse en el poder, que no cuente conmigo.

José René: ¿Pero fue o no fue un asesinato?

Pupo: Un asesinato cruel, bueno todos los asesinatos son crueles, pero éste… Mi hijo, tú sabes que él es un criminal, un loco, un sicópata… Bueno, pero aquí ya las cosas no serán más las mismas… Trujillo y su régimen están en el principio del fin.

José René: ¿Qué usted quiere decir con eso, papá? El principio del fin…

Pupo: Olvídalo. Déjame solo, quiero pensar. Cuántas intrigas, Dios mío.


CASA DE MODESTO DIAZ

Modesto Díaz  ya se perfilaba como el líder ideológico del complot, aunque era político conservador. Nueva reunión conspirativa con Modesto, Juan Tomás, Pedro Livio, Huáscar Tejeda y Fifí Pastoriza.

Modesto: Bien, caballeros, tratemos el aspecto político…

Juan Tomás: Sí, sí, sí. Hay que quidarse de los comunistas.

Modesto: Ese fue el problema de Cuba, acabaron con Batista y cuando creen que las cosas van bien, Fidel Castro se declara comunista, cambian una dictadura por otra, eso no puede ocurrir aquí…

Pedro Livio: Ese es un problema de ellos, lo cierto es que si tuviéramos a un Fidel Castro, a un Ché, fuéramos lejos ya… Y fíjense que ya ese Fidel anduvo por aquí cuando vino a reparar el barquito con que desembarcó en Cuba.

Huáscar: Permítanme, yo creo, quiero decir que ya estamos desviándonos del tema, ¿no creen? Aquí el problema no es Fidel Castro, o el Ché, que si los comunistas, qué se yo, pienso que debemos concentrarnos en acabar con Trujillo. No necesitamos ni Ché, ni Fidel, aquí hay hombres…


La CIA y el plan político militar


PRIMERA SEMANA DE MAYO 1961. CASA DE JUAN TOMÁS DÍAZ

Olga Despradel de Cedeño, Cristiana de Díaz (Chana), Urania de Estrella, Aída de De La Maza conversan en la cocina de la casa. Olga es la esposa de Pedro Livio, Chana de Juan Tomás, Urania es de Estrella Sadhalá y Aída de Antonio de la Maza.

Chana: ¿Quiere decir que no aceptas, Olga?

Olga: No es lo que piensas. Fíjate, Chana, mi condición no es para andar por ahí como si nada, no me estoy sintiendo muy bien.

Urania: Pero por fin, ¿cuántos meses tienes?

Olga: Cinco, más o menos. Ven acá, ¿y qué es lo que esos hombres hablan tanto?

Aída: ¿Y tú no sabes, no me digas que Pedro Livio aún no te contó nada?

Chana: No seas indiscreta, Aída.

Olga: ¿Indiscreta? A no, ustedes me van a decir ahora mismo qué está pasando.

Mientras, en la sala de la casa se desarrollaba el tema que Olga aún no conocía.

Modesto: Claro, la confianza es primordial. Debe ser mutua. Ya no es simplemente por motivos personales. Ahora es un golpe de Estado con todas las de la ley.

Pedro Livio: Con Pupo de este lado se multiplican nuestras expectativas.
Modesto: Exactamente. Se multiplica el efecto conspirativo. El proyecta seriedad y confianza. A propósito, ¿qué hay de Guarionex Estrella y Salvador?

Sadhalá: Pueden contar con el apoyo de mi hermano.

Antonio: ¿Pero él controla bien la brigada de La Vega?

Sadhalá: El me lo aseguró. Por lo menos, él está con nosotros. El dice que el hombre tiene que desaparecer de este mundo antes de entrar en acción.

Tió: Definitivamente, eliminado Trujillo, es mucho más fácil tomar el control de los cuarteles y obtener el apoyo de las brigadas.

Antonio: ¿Y ya se decidió quién se encargará del Johnny Abbes?

Tió: Pupo dice que lo colgará de la estatua de Colón. Señores, a mí me parece que todo va demasiado bien. Nada es perfecto y aquí algo fallará. Yo creo que debemos hacer aquel pacto. Si nos descubren nos cortan pedacito a pedacito con navajas de afeitar.

Antonio: Aunque nos descubran, de cualquier manera se va Trujillo, lo que nosotros tenemos que hacer es apresurar el paso y acabar con todos ellos o ellos acaban con todos nosotros.

Tió: Los Trujillo creen que todo se lo debemos a ellos. Un fallito y todos nos vamos en fila.

Antonio: Talvez el plan del golpe de Estado falle, supongamos que falle, anjá, falló, ¿y? Que falle. Lo que no debe fallar es que le arranquemos la cabeza a ese hombre. Y la idea que más me gusta es la de Amadito y Huáscar.

La idea consistía en elaborar un plan para emboscar a Trujillo con persecución de vehículos en la avenida George Washington (malecón). Una emboscada sorpresa desde varios ángulos cerrando todas las vías de escape y el ataque con fuego desde un solo angulo. Si salía ileso, habría una segunda emboscada. Amadito explica su idea.

Amadito: El objetivo sale martes y jueves por la avenida hacia San Cristobal. Viaja con el teniente Zacarías, solo. Ya se dio la orden de que la escolta no lo acompañe…

Sadhalá: Espera, espera, repite eso… lo de la escolta.

Amadito: Yo oí cuando le dijo al general Arturo Espaillat que retiraran la escolta, sin embargo yo creo que ellos están pensando en ponerle hombres vigilando sin que Trujillo se dé cuenta.

Antonio: No sea pendejo, ahora él se siente bien seguro.

Pedro Livio: Cuánta confianza.

Amadito: El asunto es que ahora es muy posible que la emboscada sea más efectiva, sin necesidad de enfrentarse a ninguna escolta.

Antonio: Carajo, es ahora o nunca.

Modesto: Bien, todas las condiciones se están dando. Evidentemente este plan es sencillo, muy espectacular, pero simple.

Huáscar: Muy simple, pero muy efectivo. Parece de película, persecusión y ataque como hacen los pandilleros de Chicago. Vamos a ponerle un nombre “El plan de la avenida”…

Juan Tomás: Sí, ése está bien, hay que diferenciarlo de los otros.

Antonio: Hay que hacer más prácticas, afinar la logística, las armas, los vehículos, prácticas de tiro.

Juan Tomás: Bueno, yo los invito a la finca el próximo fin de semana, allá pueden tirar sin problema. Fifí y Huáscar recortaron las escopetas y hay que probarlas, además invitaremos a Ovín Filpo para que revise esos cortes.

EN LA FINCA DE JUAN TOMÁS DÍAZ


Antonio de la Maza y su hermano Ernesto habían aportado dos escopetas nuevas semiautomáticas. Fifí Pastoriza y Huáscar Tejeda las habían recortado. Habían pocas armas porque el arsenal prometido por la CIA no había llegado. Presentes están Antonio, Juan Tomás, Fifí, Huáscar y Manuel de Ovín Filpo. Antonio dispara varias veces, pero no se siente muy convencido.

Antonio: Prueba tú, Huáscar, a mí no me convence.

Huáscar dispara con una de las escopetas. Luego dispara con la otra.

Huáscar: Esta está mucho mejor. ¿Qué te parece, Ovín?

Ovín reflexiona un instante, examina las escopetas, mide la distancia y los cortes en el cañón de cada una de las escopetas.

Ovín: Tres cosas. Primero, los cañones deben estar más cortos, pero deben ser cortados con técnica, éstos están ‘mochao’. Segundo, debe ponérsele más pólvora a los cartuchos, porque éstos fueron hechos para tirarles a palomas, yo me ocuparé de eso, no se preocupen… Fíjense que los perdigones se agolpan demasiado cerca y así no son efectivos a poca distancia, tienen que abrirse más…

Antonio: ¿Y la tercera cosa, cuál es?

Ovín: Bolas, grandes…

Antonio: No jodas que aquí todo el mundo tiene cojones… ¡Acaba!

Ovín: Me refiero a bolas de acero, no perdigones, tenemos que cambiar los perdigones por bolas de acero de rodamiento, bolines…

Juan Tomás: No va a quedar nada de Trujillo…

Ovín: Hombre, ¿y no es eso lo que hay que hacer? Que desaparezca.

Juan Tomás: Bueno, pero aún así necesitamos las ametralladoras que ofreció la CIA.

Antonio: Esos yanquis están con muchas monerías con las ‘jodías’ ametralladoras esas. Con o sin ellas le vuelo la cabeza a ese hombre. ¿Qué se creen los gringos esos, que con esas pistolistas que dieron es suficiente? No ombe, ¡no sea tu pendejo!

Juan Tomás: Bueno, pero ellos están cumpliendo, las ametralladoras van a entregarlas en cualquier momento…

Huáscar: A mí me parece que eso de promesa, que va, de ahí no pasa…

Antonio: Pendejo el que se la cree, mira ahí están más interesados en tumbar a Fidel Castro que a Trujillo…

Juan Tomás: Hay que conservar la calma, nos estamos poniendo muy nerviosos.

Antonio: ¿De qué tú estás hablando? Aquí nadie está nervioso, por qué hay que estar nervioso, aquí no hay pendejos.

Juan Tomás: ¡Tú estás muy tenso!

Antonio: ¿Yo? ¡Qué carajo éste…!

Juan Tomás: ¡A mí no me eches carajo! En esta vaina todos estamos metidos hasta aquí…

Antonio: Lo que pasa es que te estás apendejeando.

Ernesto: ¡Antonio!

Juan Tomás: No te creas el pato macho del grupo, ¡tus cojones no pesan más que los mios!


Huáscar: ¡Juan Tomás, Antonio…!

Ovín: Guarden esa rabia para Trujillo.

Antonio: Déjame decirte una cosita. No soy el pato macho. Lo que pasa es que tú defiendes mucho a los gringos, tú y Modesto creen todo lo que ellos les dicen. Que un día vienen las armas, pero que hay que actuar con cautela, que nos aguantemos. ¡Coñazo! ¿Pero a quién es que Trujillo tiene ‘jodíos’?

Juan Tomás: Es por tu bien y el del grupo, hay que cuidarse…

Antonio: ¿Cuidarme de qué? Yo, ya estoy muerto. A ese señor lo mato con lo que sea, en cualquier momento, saben… Por mí que nadie se preocupe, ya yo viví lo que tenía que vivir y sólo espero ese momento para vengar a Tavito, a ninguno de ustedes le mataron un hermano…

Juan Tomás y Antonio estaban irritados. El tiempo avanzada y el plan no. Los norteamericanos hablaban de posponer el complot. La CIA creía que no era oportuno eliminar a Trujillo en momentos en que se planeaba la invasion de Bahía de Cochinos, en Cuba. Era un secreto a voces que el desembarco de un ejército financiado, organizado y entrenado por el gobierno norteamericano se daría en ese abril del 1961.

EN LA CASA DE SIMÓN THOMAS STOCKER


Dos norteamericanos estaban en la conjura. Stocker y Lorenzo Berry, muy conocido como Wimpy por una ferretería que tenía con ese nombre en la Bolívar esquina Pasteur, al lado del colegio El Apostolado, lugar encubierto de la CIA, y muy usado por el agente Lear B. Reed, jefe de los espías encubierto como estudiante de geología. Wimpy, que había llegado al país para entrenar pilotos dominicanos, recibió el cargamento de armas y se lo entregó a Stocker.

Wimpy: Here it is all of what they sent (Aquí está todo lo que enviaron).
Stocker: How “all”? (¿Cómo que todo?)

Wimpy: Mister Reed told me that the weapons and grenades promised will be sent (El señor Reed me dijo que luego se enviarán las armas prometidas y las granadas).

Stocker: What do you have there? (¿Qué tienes ahí?)

Wimpy: The weapons that were possessions of the security of the embassy (Las armas que eran de posesión de la seguridad de la embajada).

Stocker: The Dominicans will not accept (Los dominicanos no lo van a aceptar).

Estaba en lo cierto. Stocker contactó a Angel Severo Cabral, uno de los más comprometidos conspiradores.

Severo: Tres carabinas M-1 y municiones… ¿Ese mister Reed dijo que es todo?

Stocker: Sí. Orden de la CIA. Las otras armas después.

Severo: Pero ustedes están equivocados, me parece, yo no sé cómo se manejan…

Stocker: También yo no conocer el plan, yo sólo ayudar, sólo hacer eso, preguntar and mister Wimpy and mister Reed.

Severo: ¡Tremenda noticia! Vaya con la montaña de armas que iban a enviar. Deje que se enteren los otros. No es bueno que usted vaya, porque esto, fíjese, yo conozco mi gente, se van a sentir burlados.

Stocker: Un momento, señor Severo, hasta aquí mi ayudar. La CIA tener problema, el fracasar de Bahía de Conchinos ser golpe grande. Yo entender que por el momento no habrá más apoyo militar. Ok?

Esas armas fueron entregadas el 17 de mayo del 1961, pero posteriormente la CIA envió una contra-orden de no facilitarlas. Ahora se inician las contradicciones entre el gobierno de Kennedy y los comandantes del complot contra el Jefe. Agrias discusiones se producían entre el Cónsul General norteamericano, Henry Dearborn, y los conspiradores. En esos días el gobierno norteamericano había cambiado de planes con respecto a la eliminación de Trujillo. Pero los líderes del complot continuaban con el desarrollo del mismo.

EN EL MALECÓN


El 24 de mayo Antonio de la Maza cumplía años. Lejos de celebrar, estaba más pendiente de la trama. A principios del 1961 había comprado un potente vehículo marca Chevrolet de 350 caballos de fuerza con ocho cilindros en línea, con el objetivo de usarlo en el plan de persecución. Ese día fue a probarlo con el señalado para manejarlo, Tunti Cáceres, muy diestro al volante, y los acompañó Huáscar Tejeda. Ya en el malecón esperan que haya poco tránsito.

Tunti al volante, Antonio a su lado y Huáscar atrás.

Tunti: Bien, vamos a apagarlo, ahora encenderlo. ¡Ah! De sentir la llave prende. Caramba, ruge como un león, parece una fiera.

Huáscar: Date gusto, éste es de los Chevrolet que usa la policía en Nueva York. Nuevecito.

Antonio: Acuérdate lo que te dije. Arranca, haces zigzag dos o tres veces, apagas y enciendes las luces dos veces y luego frenas, y al frenar controla el guía para que te pongas en sentido contrario al que venías. ¿Está claro?

Tunti: Claro, claro. Está fácil.

Antonio: Arranca. Eso. Ahora aumenta a 150 kilómetros. Ve dando zigzag. Asimismo. Prueba luces. Pestañéalas. Mantenlo ahí, déjame buscar posición de tiro. Ahora frena, ¡rápido! ¡Mantén el control!

Tunti: Sí, sí, sí, allá va.

Al frenar con fuerza, las gomas dejan una larga marca negra en el pavimento.

Tunti: ¡Coooño, qué buen carro! Tremendo.

Antonio: Retrocede y hazlo de nuevo.

Huáscar: Verdaderamente, Amadito dio en el clavo, no hay duda que va a resultar…

EN LA CASA DE ANTONIO DE LA MAZA


Aída está preparando los festejos del cumpleños de Antonio cuando éste llega acompañado por Huáscar y Tunti.

Aída: ¡Oh! Antonio, ven mi amor, que te tengo una comida de sorpresa. Tunti, tú siéntate por aquí, y Huáscar y Lindín de este lado.

Lindín: Y qué le van a regalar, hay perdonen…

Aída: ¿Qué tú quieres, mi amor?

Antonio los mira a todos y hacia atrás, como percatándose de que nadie más va a oír su deseo.

Huáscar: Bueno, ¡El hombre desea algo grande!

Todos ríen, menos Aída, que advierte el semblante atormentado reflejado una vez más en la cara de Antonio. Conoce al dedillo a su esposo. Intenta sonreír para avivar el momento, y es entonces que Antonio menciona aquellas palabras lapidarias. Y las pronuncia como para sí mismo, pero en voz alta.

Antonio: El mejor regalo sería el cadáver de Trujillo.

EN EL CARRO DE HUÁSCAR TEJEDA


Huáscar y Lindín ya se dirigen a casa. En el camino, Huáscar va comentando cosas, pero Lindín sólo lo mira. Huáscar conoce aquella mirada. Ella lo mira y él se hace que no entiende. Lindín resuelve preguntar directamente.

Lindín: Huáscar, ¿qué es lo que está pasando?

Huáscar: ¿Cómo que qué es lo que está pasando? Pero tú no me estás atendiendo, yo habla y habla, y ella ni caso me hace.

Lindín: Ay, Huáscar, nos conocemos. Tú sabes muy bien de qué te estoy hablando. Pero si no lo sabes, yo te lo voy a poner más claro. Tú y Fifí practican al tiro más de la cuenta. No sales de una bendita reunión, cuando no es con Antonio de la Maza es con Juan Tomás Díaz o con Tunti. Y no es la primera vez que yo oigo hablar a Antonio como lo hizo hoy. Tú estás en algo, Huáscar.

Huáscar: No ombe, Lindín, ahora te da con imaginarte cosas.

Lindín: No creo, no. Pero tú no oíste cómo Antonio me dijo el otro día “Lindín, ese hijo que vas a tener nacerá libre”, y que yo sepa él no estaba bebiendo. Y mira lo que dice hoy, y con la cara que lo dice… Ay no, aquí está pasando algo, nadie me lo quita de la cabeza, así que háblame claro, que yo no soy una idiota.

Huáscar: Qué cosa ésta. Después hablamos de eso…

Lindín: Cómo que después, no señor ahora, después es después. Pero es verdad, ahora tú andas con secretos con tu mujer, la mamá de tus hijos… Por fin, ¿qué me vas a decir?

Huáscar conduce, mira a Lindín y ella con su gesto de cara esperando, con los ojos bien abiertos, los brazos cruzados, moviendo las cejas, alisando el pelo… Huáscar cree que haciendo silencio gana tiempo, vuelve y mira y percibe que definitivamente va a tener que hablar, pero hablar la verdad. Así que detiene el carro a un lado. Lo apaga, mira hacia los lados. Y Lindín ahí, a su espera, de modo que resuelve hablar.

Huáscar: Mira, Lindo, Trujillo va a morir pronto.

Lindín: Ay, Huáscar, no me vengas con la misma canción. Desde cuna me la están cantando y la cosa sigue igual. Con ese cuento es que siempre me han dormido.

Huáscar: Oyeme bien, lo vamos agarrar en la avenida. Ya es cuestión de días. En cualquier momento… ¿Por qué tú pones esa cara de “yo no te creo”? El plan es una emboscada, un miércoles o un jueves cuando se dirija a la Casa de Cahoba. Antonio ce la Maza es el jefe del grupo que ajusticiará a Trujillo.

Lindín: ¿Ajusticiar o matar? Yo entiendo que comoquiera es una vida de Dios…

Huáscar: En este caso matar o como tú quieras llamarle se trata de un acto de justicia por sus crímenes. Las hermanas Mirabal, por ejemplo.

Lindín: Está bien, como ustedes digan, pero eso es un asunto muy serio…

Huáscar: Nuestro hijo va a nacer libre, Antonio dijo bien, nos vamos a librar de este loco, ademas ya nadie lo quiere…

Lindín: ¿Que nadie lo quiere? Ahí sí que te equivocas, medio país daría su vida por Trujillo, así que mira bien en lo que tú te metes, tú tienes una familia, Huáscar.

Huáscar: Mi familia no vivirá lo que nosotros hemos vivido, lo mismo dice Fifí, Pedro Livio, Juan Tomás, Modesto…

Lindín: Ay, no me menciones nombres, no quiero oír más nada. Mientras menos sepa, mejor. ¡Ay, Virgen de la Altagracia!

Huáscar: Como tú ves, éste no será el mismo cuento de siempre. ¿Me crees ahora? Pero habla, dime algo. No te quedes ahí con esa cara de espanto y muda…

Lindín: ¿Y si algo sale mal, dónde se van a meter?

Huáscar: Pero es que nadie tiene que esconderse. Lo hemos planeado muy bien. Pero parece que tú no entiendes, esto es un golpe de Estado planificado, no hay que esconderse. Nadie sabrá jamás quién mató a Trujillo.

Lindín: ¿Que no? Aquí, en este paisito se sabe todo, mi hijo. Pero ya, no me hables más de eso, que yo estoy muy nerviosa. Yo no sé para qué me puse de pendenciera a preguntarle eso a este hombre. Que Dios nos proteja.

Huáscar: Yo sabía que te ibas a poner así, embarazada como estás es lo menos que yo podía hacer, pero es que tú preguntas mucho, Lindín. A ti no se te puede esconder nada. Eso sí, paciencia.

Lindín: Nada más por las Mirabal me alegraría que se haga justicia, ¿tú sabes lo que es eso? Matarle tres hijas a una madre, eso no tiene perdón de Dios.

Huáscar: Se hará justicia, mi amor, no te apures.

EN LA CASA DE STOCKER


Antonio de la Maza y Juan Tomás Díaz tienen un nuevo encuentro con Stocker, esta vez en la casa del ex-marino norteamericano y hasta hacía unos meses ex-colaborador directo de la Central de Inteligencia Americana (CIA).

Stocker: Mister Henry Dearborn estar con la orden del Presidente Kennedy, Trujillo deber estar fuera del poder.

Juan Tomás: Fuera del poder, quiere decir eliminarlo, ese es el acuerdo y por lo menos de eso es que hemos estado hablando todo este tiempo. Matar a Trujillo, ¿no es así?

Stocker: Bueno, sí, pero el Consul norteamericano no estar en control, mister Reed es quien recibir  y dar orden de Central Inteligency American.

Juan Tomás: Qué es eso de bueno, sí, pero… Ya sabemos quién da las órdenes, ese agente Reed está poniendo muchos peros.

Antonio: ¿Y las armas?

Stocker: Bueno, sí, esas armas ellos prometieron. Yo dar a Severo Cabral las primeras.

Juan Tomás: Parece que no nos estamos entediendo bien. Las armas vienen o no vienen, también las granadas… No tenga miedo, díganos lo que sabe, es por eso que estamos aquí.

Stocker: OK. OK. Sinceramente, no saber. Ah, disculpen, querer un drinker?

Antonio: No.

Juan Tomás: No.

Stocker: Buenno, bueno… Eh, yo recomendar paciencia. Kennedy, el Departamento de Estado, la CIA, todos entender problema dominican. En Washington tener mucho problema, el comunismo en Cuba, fracasar Bahía de Cochinos. Después de Trujillo, no poder tomar el poder grupos enemigos… Washington tener preocupación…

 

Efectivamente, el desembarco de “Bahía de Cochinos” en Cuba, el 17 de abril del 1961, con el objetivo de sacar a Fidel Castro del poder habia fracasado.

Juan Tomás: Nosotros empeñamos nuestra palabra. Hicimos un acuerdo con la CIA. Antes no había dudas con relación a nosotros. A qué vienen esas preocupaciones, usted debe saber algo… No, espera Antonio, no te vayas, sientate ahí, Stocker tiene que decirnos lo que sabe…

Antonio: Juan Tomás, tú sabes bien lo que está pasando. Si no eliminan a Fidel Castro, cómo van eliminar a Trujillo sin saber si no va a subir otro igual que Fidel, que los engañe después que llegue al poder… Eso está claro… No es así, Stocker?

Juan Tomás: ¿Es eso? Es por eso que no entregan la armas y las granadas? ¿Es por eso que nos esquivan, que no quieren hablar con nosotros directamente?

Antonio: Al día siguiente de entregarnos aquellas armas, ya estaban preguntando que dónde las teníamos. Pues mire, Stocker, esas armas las tengo yo, y ando armado con una ametralladora en el carro.

Stocker: No poder visitar mi casa con armas. Es peligroso.

Antonio: Juan Tomás, quédate tú si quieres, yo me voy… ¡No sea pendejo, estos yanquis de mierda, hijos de la gran puta!.

Stocker: Usted entender señor Díaz, mister Dearborn estar en posición compleja. Estados Unidos no poder ser socio con crimen política…

Juan Tomás: Stocker, no me venga con eso ahora. Ustedes están metidos hasta aquí con todo lo que viene pasando. No insulte mi inteligencia. Ah, y en todo caso es ajusticiamento… Antonio, espérame.

Stocker: Ustedes estar nervioso, desesperación no ser bueno…

Juan Tomás: Usted tiene mucho tiempo viviendo aquí y sabe cómo están las cosas, no se puede ni respirar, Stocker. Somos nosotros los dominicanos quienes tenemos ese enema, no los norteamericanos. Ah, dígale al Cónsul que no hay problema, los dominicanos podemos resolver este asunto con o sin la ayuda de ustedes.

EN LA CASA DE ANTONIO DE LA MAZA
Antonio de la Maza llega a su casa y se encuentra con Huáscar Tejeda que lo espera.

Huáscar: Antonio, acabo de hablar con Amadito y dice que es seguro que Trujillo vaya mañana a San Cristóbal. Bueno, ¿y qué hay de la CIA?
Antonio: Nos relajaron. Como perdieron en Bahía de Cochinos, ahora no se atreven a quitar a Trujillo dizque porque no quieren que suba otro comunista. Yo sabía que nos iban a coger de mojiganga.

Huáscar: Coño, pero es verdad que no se puede confiar en ellos, todo lo que hacen es según sus intereses. Suben a Trujillo, lo mantienen 30 años, y ahora lo van a quitar cuando a ellos les parezca. Pero qué ‘partía’ de pendejos. Esto se jodió…

Antonio: No, esto no se jodió, qué va. Si ese señor viaja mañana a San Cristóbal lo partimos en el camino, esa es una. Dos, si no es mañana será el viernes de la próxima semana, en Moca. El tiene que ir a inaugarar algo allá. Así que mis hermanos y yo seremos los únicos en eso, ustedes no pueden ir porque son extraños por allá y despertarían sospechas.

Huáscar: Espera un momento, Antonio, estás cambiando los planes. ¿Quiere decir que mañana no van tus hermanos?

Antonio: Ya tienen un mes aquí y no pasa nada, de manera que yo decidí que ellos preparen todo en Moca.

Huáscar: ¿Pero Tunti Cáceres se quedará aquí?

Antonio: Bueno, no sé, lo necesitamos en Moca…

Huáscar: No, Antonio, Tunti es el único que ha practicado la persecución, ahí va a haber problemas porque, ¿quién va a manejar? A tu chofer, Gumarra, lo tienes en otra cosa, que es el único que conoce bien el carro.

Antonio: Tengo a otro que también puede manejar, ya pensé en eso, así que mañana pondré a Imbert Barrera, es guapito y tira muy bien. Así que junto a otro más conmigo pueden hacer de retaguardia. Ese es ahora el plan. También hay que llamar a Ovín Filpo para que esté en sobreaviso.

Huáscar: Y en el segundo carro yo podría ir manejando y Pedro Livio iría con la otra ametralladora. ¿Qué tú crees?

Antonio: Sí, tú y Pedro Livio en el segundo carro. Amadito irá conmigo, él y yo con las ametralladoras.

29 de Mayo. EN CIUDAD TRUJILLO
Es un lunes. Antonio de la Maza había realizado algunos cambios en la composición del grupo de acción. En las tres vigilias anteriores, esto es los días miércoles 10, 17 y 24 de mayo del 1961, habían participado Ernesto, Mario y Alberto de la Maza, así como Manuel de Ovín Filpo. Antonio, como jefe de la operación, dispuso que sus hermanos se fueran a Moca a preparar otro atentado. Durante todo el día Antonio realizó una rápida inspección en las armas, probando numerosas veces la escopeta Remington de repetición con la que abriría fuego contra Trujillo. Esa escopeta se había trabado en dos pruebas de tiro anteriores y era necesario cerciorarse de su efectividad.

Trujillo viajaba los miércoles a San Cristóbal, pero desde el lunes 29 avisó que lo haría ese martes 30 de mayo.
En el taller de muebles de Bissié

 
Además de Ovín Filpo había otros españoles enrolados en la trama. Venancio Alzaga era uno de ellos. También estaba Miguel Angel Bissié, de 21 años de edad, oriundo de Pamplona, España. Alzaga lo presentó a Antonio. Bissié trabajaba en su taller de herrería y habría de confeccionar placas falsas a los vehículos, ademas de encomendársele recortar debidamente las escopetas que se usarían en el ataque.

Antonio: ¿Con que Franco te sacó de España?

Tu país y el mío tienen los mismos destinos.

Bissié: Querrá decir que tienen tiranos.

Antonio: Ah, pero tú no tienes miedo.

Bissié: Pues hombre, a qué le voy a tener miedo. No le tengo miedo yo a Franco…

Antonio: Pero Trujillo no es Franco, aquí cualquiera que hablé así dura menos que una cucaracha en un gallinero.

Bissié: Hombre, más que una cucaracha… yo duraré, y más que Trujillo y que Franco.

Antonio: Qué muchacho éste.

MAYO 1961. WASHINGTON, EN LA CASA BLANCA

El presidente John F. Kennedy recibe a Joseph Farland en su despacho. Farland había sido embajador de los Estados Unidos en República Dominicana hasta que la embajada fue retirada en el 1960, y la misión norteamericana dejó solo a un encargado de negocios fungiendo de Cónsul, el señor Henry Dearborn.
Farland: Mister president at your service (Señor presidente a sus órdenes).

Kennedy: Good Mourning, Mister Farland. I have briefs about the plan of killing Trujillo. My administration is collaborating, but I don’t want this to fail. I don’t want another Fidel Castro in the Caribbean. You, who were ambassador in the Dominican Republic, what’s your opinion? (Buenos días, mister Farland. Tengo informes del plan para matar a Trujillo. Mi administración está colaborando, pero no quiero que esto falle. No quiero otro Fidel Castro en el Caribe. Usted, que fue embajador en República Dominicana, ¿qué opinión tiene?)

Farland: To eliminate Trujillo will be a success for the CIA. Now, a communist in the government, I believe it’s not possible, Trujillo ended with all opposition and there’s no burguesy or middle clase. I don’t think there could be a coup d’état (Eliminar a Trujillo será un éxito para la CIA. Ahora, que suba un comunista al poder, creo que no es posible. Trujillo acabó con toda la oposición y no existe burguesía o clase media. No creo que pueda haber golpe de Estado).

Kennedy: Thank you Mister Farland (Gracias, señor Farland).
Las últimas horas del tirano
Trujillo: la verdadera Historia de su Fatidico final (2 de 2)
Zacarías: ¡Unjú! A mí me gusta más este Chevrolet que los nuevos que han traído, ojalá que me lo deje cuando no lo quiera más. Pero, aproveche su día teniente.
Por: Etzel Báez
30 de mayo de 1961, martes. Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo de Guzmán)

En la estancia de Radhamés

Era la casa de Trujillo, donde ahora está la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, en la avenida Máximo Gómez y Báez. El teniente Amado García Guerrero llega en su papel de vigilancia para ubicar al tirano. En su condición de Primer Oficial Escolta y Ayudante de Campo de Trujillo tenía libre tránsito. Ese día no le tocaba servicio. Aún así, inventa una disculpa al encontrarse con el capitán Zacarías de la Cruz.

T
te. Amado (preguntándole a otro oficial): Sargento, ¿ha visto al capitán Zacarías?

Sargento: Sí señor, está revisando los carros.

Zacarías: ¡Teniente García! Buen día. ¿Qué se le ofrece?

Tte. Amado: ¡Buenos días, Capitán! Eh, yo apenas pasaba…

Zacarías: ¿Hoy no es su día libre?

Tte. Amado: Sí, sí, sí. Así es… Pero, primero está el deber. Usted sabe…
Zacarías: Teniente, usted está muy cumplidor…

Tte. Amado: Sí señor. El Jefe se merece toda nuestra dedicación, mírelo a usted preocupado con los vehículos del Jefe…

Zacarías: ¡Uuuh! ¿Qué usted quiere, teniente?

Tte. Amado: Nada capitán, por Dios… Bueno, usted sabe que en mi día libre me gusta irme con mi muchacha a pasear por la Avenida, y no me gustaría que el Jefe me viera por ahí. ¿El irá por ahí hoy?

Zacarías: Bueno, usted sabe que él dá su caminaita por la Máximo Gómez hasta la Avenida a eso de las siete de la noche. Pero fíjese que hoy quiere ir a San Cristóbal y mandó a preparar este carro.

Tte. Amado: ¿El Chevrolet Belair?

Zacarías: ¡Unjú! A mí me gusta más este Chevrolet que los nuevos que han traído, ojalá que me lo deje cuando no lo quiera más. Pero, aproveche su día teniente.

Tte. Amado: Sí, sí, sí… Primero voy a adentro a beber un poquito de agua.

Los dos oficiales se despiden. Amadito entra a la casa de Trujillo. Ya en la sala, pide un vaso con agua. Se acerca al teléfono e intenta comunicarse. Llama y suena ‘ocupado’. Lo intenta dos veces y da ‘ocupado’. Comienza a impacientarse, mira el reloj, y un sargento llega con el agua.

Sargento: Mire teniente, aquí está el agua. ¿Qué le pasa, no le contestan?

Tte. Amado: Está ocupado, debe ser mi tía que cuando habla por teléfono no lo suelta. Déjeme intentarlo otra vez, tengo que decirle que voy a comer a las doce… ¡Ah! Tía soy yo Amadito… ¡Amadito! Sí, fíjate que voy a comer, pero una cosa muy ligera, estoy por aquí en la casa del Jefe. ¡Ah! Dile a tío Antonio que la muchacha de que le hablé va esta noche, sí, sí, va hoy martes, a la misma hora de siempre, no será mañana, ve preparando las cosas que ella se va a llevar, un chofer la va a llevar, pero nada más va ella…

Del otro lado de la línea su interlocutor era Antonio de la Maza, que estaba recibiendo el mensaje en claves.

8:30 a.m. En la casa de Antonio de la Maza
Antonio cuelga el teléfono y continúa la conversación con sus hermanos Ernesto y Pirolo. Luis Manuel Cáceres Michel (Tunti) acaba de llegar.

Antonio: Ese era Amadito. El asunto será hoy. Dice que el señor ese viaja esta noche para San Cristóbal.

Ernesto: Coño, pero llevan tres semanas diciendo lo mismo.

Pirolo: Bueno, yo me cansé de esperar, yo estoy que donde lo vea le tiro…

Antonio: Váyanse para Moca ahora con Tunti y preparen todo para el sábado con to’ lo ‘jierro’ que ustedes tengan allá…

Tunti: ¿Pero cómo es eso de que yo me vaya para Moca? No, no, no… yo me quedo contigo…

Antonio: Pero qué vaina ésta. Tunti, has lo que yo te digo. No me contraríes. Eso déjamelo a mí.

Tunti: ¿Gumarra, es quién va a manejar?

Antonio: ¡Qué jodienda! Tunti, vete con los muchachos para Moca. A Gumarra yo le tengo otra tarea de sacarme a doña Aída y a Lourdes de la capital…

Ernesto: Estate quieto, Tunti, en tu lugar van a poner a Imbert Barreras a manejar el carro de caza.

Tunti: ¡Ah, bueno! No, si es así está bien. Ese tiene cojones y sabe tirar.

Antonio: Ya váyanse, que tengo que reunir a los otros.

Desde ese momento Antonio de la Maza estuvo preparando los vehículos y las armas, hizo algunas llamadas y procuró a cuantos pudo de los conjurados en el complot.

11: a.m. En la casa de Juan Tomás Díaz

Luis Amiama Tió llega a la casa. Antonio de la Maza acaba de salir. Se reúne con Juan Tomás Díaz.

Tió: ¿Qué tal? Vi a Antonio saliendo ahora mismo…

Juan Tomás: Por ti estaba preguntando y se quejaba de que tú no estás cumpliendo con tu parte del plan. ¿Es verdad que tú no has ido los miércoles a la casa de Pupo Román?

Tió: ¿Me lo dices o me lo preguntas?

Juan Tomás: Te lo pregunto.

Tió: Cuando ustedes me han avisado, yo paso por la casa de Pupo, a veces no entro y sólo me cercioro de que esté allí. Tú sabes que esa casa es vecinita de la de Trujillo. Yo no quiero levantar sospechas. Además, las veces que he estado ahí, Pupo se pone insoportable, preguntando qué cómo es el plan, que cuándo se hará; está muy nervioso con eso…

Juan Tomás: Ah, entonces Antonio tiene razón, tú no te plantas en la casa de Pupo, tú pasas y a veces entras…

Tió: Juan Tomás, yo soy un hombre muy serio, y si te digo que estoy cumpliendo con mi parte puedes escribirlo y jurarlo. Lo que pasa es que yo tengo mi forma, yo no puedo estar metío el día entero en casa de ese hombre, además su esposa Mireya se vive quejando de todas las ingratitudes, injusticias y no sé cuantas cosas más que se hacen en contra de su tío, el Jefe.

Juan Tomás: Qué tú decías de Pupo, de eso de que estaba nervioso… ¿Pero nervioso de qué?

Tió: Tú sabes lo que pasa, que como él se ve con Trujillo todos los días, y Trujillo hablando de que tiene informes de gente que lo quieren matar… Pupo hasta siente que Trujillo sospecha de él, que lo mira atravesao. En estos días me dijo que ya Trujillo le había resuelto un problema que tenía en el Banco Agrícola…

Juan Tomás: Sí, ya sabemos de eso. Trujillo pagó una deuda de Pupo con el banco de más de 100 mil pesos. Pero, ¿qué tu quieres decir con eso, o sea, no será que ahora está con remordimiento…?

Tió: No creo. Mira, lo que pasa es que dice que no aguanta más esta situación, que si se va a definir, que sea ya…

Juan Tomás: El primero que quiere que se defina soy yo, que llevo más de veinte años con eso en atravesao en la garganta. Si fuera por mí ya habríamos salido de los Trujillo, esos malditos abusadores. A Pupo que se aguante. ¿Tú no le has dicho nada de cómo va a ser la acción?

Tió: ¡Claro que no! Yo le cambio el tema, ahora él  sabe que actúa sólo cuando yo le dé la señal, pero despreocúpate que esa parte de la ejecución él no sabe exactamente cómo será.

Juan Tomás: Ahora oye bien, Miguel Angel me acaba de llamar.

Tió: ¿Báez Díaz? Pero yo lo acabo de ver saliendo de la casa de Trujillo…

Juan Tomás: Pues parece que fue de ahí que llamó, porque no hace ni 30 minutos que llamó por teléfono para decirme que el Jefe va hoy, y no mañana, así que tú debes estar en sobreaviso con eso y pegártele a Pupo.


Tió: Coño, eso cambia muchas cosas, porque esto se hace los miércoles…

Juan Tomás: Bueno, pero se hará hoy, ya Antonio está avisando a su grupo, si Dios quiere esta vaina se termina hoy. Así que hay que avisar a Angel Severo Cabral para que esté pendiente con lo de la proclama con la grabación anunciando el golpe de Estado.

Tió: No sé, a mí me parece que nos estamos apresurando mucho…

Juan Tomás: Luis, pero y cómo son las cosas… No es como uno quiera, sino como vengan. Bueno, pero ya tú lo sabes y lo único que tienes que hacer es pegártele a los ruedos de Pupo.

Tió: ¿Quiénes están informando todos los pasos de Trujillo?

Juan Tomás: Miguel Angel y Amadito. ¿Por qué?

Tió: No, no, no. Por nada. Bien yo voy a darme una vuelta por donde Severo Cabral y luego paso por donde Pupo.

Juan Tomás: Llámame después que veas a Pupo o pasa por aquí, yo no voy a salir.

1:00 p.m. Casa de Modesto Díaz

Miguel Angel Báez Díaz acaba de llegar a la casa de Modesto Díaz.

Modesto: ¿Hablaste con Juan Tomás?

Miguel Angel: Anjá, hablé con él por teléfono. Amadito se quedó en la casa de Trujillo. ¿Y qué hay de Antonio y su grupo?

Modesto: Juan Tomás me acaba de decir que hoy hay poca gente avisada y que los otros hermanos De la Maza se están preparando en Moca.

Miguel Angel: El Jefe va a un acto para allá en estos días.

Modesto: Pues parece que ahí lo van a agarrar.

Miguel Angel: Si es que hoy no se lo tiran en la Avenida.

Modes
to: ¿Pero tú te fijaste bien si va hoy? Porque eso está bien raro.

Miguel Angel: Amadito me dijo que el capitán Zacarías está preparando el viaje para esta noche. Yo mismo confirmé que Trujillo mandó un mensaje para alguien, no sé quién, que deben encontrarse esta noche en la Casa de Caoba. Además, el mayordomo le tiene preparado su traje militar verde-olivo. En su agenda, lo de siempre, caminar por la Máximo Gómez al anochecer.

Modesto: Exacto.

Miguel Angel: Hoy voy a tener más tiempo, y cuando Amadito salga esta tarde yo me quedo junto al Jefe. Eso está combinado. Cualquier cosa yo mismo bajaré adonde Antonio y los muchachos, como siempre.

5:00 p.m. En casa de Trujillo

El reloj de péndulo marca las cinco de la tarde. El teniente Amado García Guerrero está atento a todos los movimientos de Trujillo. Este aparece en el umbral de la sala encontrándose con el teniente Amado, quien acto seguido le hace el saludo militar. Trujillo viste traje militar verde-olivo. Amadito percibe el significado de aquella vestimenta y dice para sí mismo: “Es seguro que va para San Cristóbal. Tengo que avisar”. Trujillo era meticuloso y previsible en esos detalles, pues siempre usaba aquel tipo de uniforme militar verde-olivo en su viajes a la Casa de Caoba, su casa de campo en San Cristóbal, ciudad distante a unos 30 kilómetros y donde naciera el 24 de octubre del 1891, allí en su pueblo natal creció con el apodo de “Chapita”.

Trujillo: ¿Teniente, qué hace usted aquí? ¿No es su día libre?

Amadito: Sí, jefe. Pero ya me voy.

Pasadas las cinco de la tarde ya el grupo de acción estaba en alerta, a la espera de los informantes claves, Miguel Angel Báez Díaz y el teniente Amado García Guerrero.

6:00 P.M. En casa de Antonio de la Maza
Antonio
 acaba de entrar a su casa. Recibe algunos mensajes dejados por Amadito y Miguel Angel.

Aida: Antonio, pero este teléfono no para de para tocar… Amadito y Miguel Angel llamaron varias veces, dicen que un ingeniero va a venir esta noche y que tú sabes quién es, esos dos están con un misterio…, llaman y ni saludan… ¿Qué ingeniero es ése que viene para acá?

Antonio: Ah, no te preocupes por eso. ¿Dónde está Gumarra?

Aida: Donde tú lo mandaste. ¿No te acuerdas las diligencias que lo mandaste a hacer?

Antonio: Ah, sí, sí, sí. Dame algo, que tengo la boca seca. Déjame llamar a Bissié.

Antonio logra comunicarse con el joven español Miguel Angel Bissié, quien en esos días guardaba algunas de las armas preparadas para la emboscada al tirano. Y en ese instante llega Luis Pedro Taveras Liz, alias Gumarra, su chofer.

Antonio: ¿Eres tú, Bissié? Ven ahora mismo para acá con el carro y las herramientas. Sí, ya sé que hoy es martes, cambiaron los planes. Date rápido. Pero ya.

Ah, Gumarra, tú no me salgas de aquí ahora. ¿Ya hiciste el encargo?

Gumarra: Sí señor, todo lo que mandó. Pasé por donde Ovín Filpo, pero no había nadie en la casa.

7:00 p.m. En casa de Salvador Estrella Sadhalá
Llegan, casi al mismo tiempo, Antonio Imbert Barrera y el teniente Amado García Guerrero, luego se presenta Antonio de la Maza.

Anton
io: Por fin, ¿va o no va hoy?

Amadito: Hasta ahora todo indica que va. Hace una hora lo vi vestido de verde-olivo y le tenían listo el carro Chevrolet con el que siempre va a San Cristóbal. Ahora mismo tiene que estar haciendo su caminata por la Gómez.

Imbe
rt: Yo lo acabo de ver.

Sadhalá: ¿Y cómo será el grupo hoy?

Antonio: Con los que estén. Nosotros cuatro hiremos en el carro de caza. Imbert, quiero que tú te encargues de manejar. Amadito, tú irás con la M-1.

Amadito: ¿Y tus hermanos?

Antonio: Están en Moca. Acabo de hablar con Huáscar, él va a buscar a Pedro Livio, creo que Fifí Pastoriza está avisado.

Sadhalá: Acabo de hablar con él y le dije que lo mejor es que se fuera para tu casa. Me preguntó por Bibín Román (hermano de Pupo Román).

Antonio: ¿No lo viste, Amadito?

Amadito: Tenía que esperarlo para poder hablarle, así que mejor vine rápido para acá.

Sadhalá: Oye Antonio, ¿no es mejor que nos aseguremos de que vaya una buena cantidad de nosotros? Somos muy pocos…

Antonio: Mira Salvador, si tú tienes dudas mejor te quedas…

Sadhalá: No lo cojas por ahí, que no es nada de eso.

Imbert: Es para estar bien seguros, Antonio.

Antonio: Ah, no, no, no. Nada de apendejearse. Ya yo lo dije, hasta solito voy yo a ajusticiar a ese señor. Así que el que quiera quedarse que se quede. Y tú Amadito, ¿también te estás apendejeando?

Amadito: Coño, Antonio no me digas eso. Aquí toditos estamos igualitos que tú.

Antonio de la Maza se monta en el carro al volante. Imbert abre la puerta en disposición de él manejar y con un ademán le dice a Antonio que se eche a un lado. Antonio lo mira y resuelve pasarse al lado derecho, dejándole el volante a Imbert. Amadito entra atrás. Salvador Estrella Sadhalá se monta en su vehículo Ford Mercury y sigue al carro de caza. Instantes después pasan por la casa de Huáscar Tejeda y ven cuando Roberto Pastoriza llega.

7:30 p.m.  Portal de la casa de Huáscar Tejeda
Antonio: Oigan, pasen por donde Ovín y vean si está, acuérdense de las herramientas. Nos vemos en mi casa. Fifí, móntate tú con Salvador que viene ahí atrás. ¿Qué hay de Pedro Livio?

Huáscar: Ya está avisado. Debe estar en tu casa.

Antonio: Bien. No pierdan tiempo, dénse rápido.

7:40 p.m. En la Avenida Máximo Gómez
Trujillo está volviendo de su caminata. Al mismo tiempo va atendiendo a varias personas que se presentan para hablar con él. Entre ellos va Miguel Angel Báez Díaz y oye cuando Trujillo le dice a un funcionario del régimen: “Tráteme eso mañana cuando yo regrese de San Cristóbal”. Miguel Angel mira su reloj de pulso marcando las 7:40 pm, y se desvía por una de las calles buscando llegar pronto a un teléfono para llamar al grupo de acción.

8:00 p.m.  En casa de Antonio De La Maza
Un
 apartamento ubicado en un edificio de la calle Angel Perdomo, entre Caonabo y Bolívar, en Gazcue. En el parqueo del edificio de seis apartamentos se van estacionando los vehículos. Antonio sube a su casa a buscar parte de las armas. Cuando viene bajando se encuentra con Miguel Angel Bissié.

Bissié: Buenas noches, señores (los del grupo saludan con un ademán). Señor Antonio, ahí le traigo el pedido.

Antonio: ¿Dónde está?

Bissié: Las M-1 y una de las escopetas están en el baúl. Los cartuchos también. El 38 está en la gaveta, alante.

Antonio: Mira, Bissié. Te voy a encargar de una cosa muy seria. Si fallamos ya sabes lo que tienes que hacer. Acuérdate que debes llevar a doña Aida y mi hija Lourdes por la frontera de Dajabón. Allá debes buscar al general García Urbáez.

En ese instante llega Huáscar con la caja de herramientas.

Antonio: ¿Huáscar, qué pasó con Ovín?

Huáscar: No ha llegado, así que me traje la cuestión.

Antonio: ¡Qué vaina! Ah, Mira, llegó Pedro Livio, bueno la cosa mejora.


Imbert: Yo pienso que ese españolito es muy muchacho para tanta responsabilidad.

Amadito: Bueno, las responsabilidades son las que hacen del muchacho un hombre.

Pedro Livio: Bueno, aquí estoy yo. ¿Y los otros, dónde están?

Sadhalá: Contigo somos siete, hasta ahora. Ovín está fuera de la ciudad.

Antonio: ¿Pedro Livio, qué arma tienes ahí?

Pedro Livio: Es la 45 de Juan Tomás. Oigan cuando venía para acá alcancé a ver a Trujillo, ya iba subiendo por la Gómez y lleva puesto el traje militar verde-olivo.

Antonio: Oye Salvador, vamos a necesitar tu carro.

Sadhalá: No hay problema. ¿Quién se va en él?

Antonio: Allá te digo. Ya vámonos, señores.

8:00 p.m.  En casa de Trujillo
El dictador convida al general Pupo Román a acompañarlo a la base aérea de San Isidro, distante 25 kilómetros.

Trujillo: Quiero enseñarte unas vainas que están pasando. ¡Me tienen harto con esas pendejadas! ¡Zacarías, a San Isidro!

La escena es presenciada por Miguel Angel Báez Díaz. Acto seguido abandona el lugar en un carro oficial manejado por un militar, y se dirige a la Feria.

Miguel Angel
: ¡Rápido, cabo!

8:05 p.m.  En la feria de la paz (hoy Centro de los Héroes)
En una de las calles, entre el teatro Agua y Luz y donde hoy está el Maunaloa, estaban estacionados los conjurados en los tres vehículos. Era la cuarta vez que lo hacian, los días anteriores de ese mes fueron el 10 el 17 y el 24, siempre miércoles, pero ese día era martes. Antonio empezaba a dar las instrucciones cuando aparece Miguel Angel Báez Díaz.

Miguel Angel: Señores, qué bueno encontrarlos. ¡Antonio, por fin te veo! El amigo mío, el ingeniero de que te hablé, va a ir esta noche a tratar lo de la madera. Espéralo, que es seguro que viene con su chofer. Señores, que pasen buenas noches y suerte…

Antonio: Miguel Angel, necesito que cualquier cosa me la digas, tú sabes cómo está esto, ya la hora es para que viniera…

Miguel Angel: Lo que pasa es que él fue donde su mamá de aquel lado, pero viene seguro. ¡Bien, Adios! (se aleja).

Antonio: Bueno, esa es la señal. Parece que el hombre anda por San Isidro. Bueno, Amadito, como te dije, tú llevas la M-1. Falta la otra escopeta, así que yo me quedo con ésta. ¿Pedro, y la pistola de Juan Tomás?

Pedro Livio: Aquí está, también tengo la 38.

Antonio: Imbert, tú toma ésta, la 45. Pedro Livio, hazte cargo de la carabina M-1, nada más hay dos.

Amadito: Que Salvador se quede con esa 38, ¿cuántas balas tienes?


Sadhalá: 50, más o menos.

Pastoriza: Yo tengo la Luger y dos peines extras.

Huáscar: Yo la Smith and Wesson, con balas suficientes.

Antonio: El plan de hoy es así: En el carro de caza vamos yo, Imbert manejando, y Amadito y Salvador atrás. En el Segundo carro, Huáscar manejando y Pedro Livio con la M-1 al lado. Y en el tercer carro, tú solito Fifí… Ya tú sabes que no debes dejarlo escapar, te le tiras arriba…

Fifí: De eso no te preocupes, aunque me mate en el choque, total de aquí no sale vivo.

Amadito: Antonio, que Imbert se acuerde de lo que tiene que hacer con las luces.

Imbert: Ya yo sé, tres cambios…

Antonio: Espérate ahí, Imbert. No son cambios. Tú apagas y enciendes las luces, y cuentas mentalmente uno, dos y luego enciendes y vuelves y haces lo mismo, para que Huáscar vea bien que somos nosotros, él no se mueve sin esa clave.

Imbert: Sí, sí, sí… Ya está grabado. No hay problema. No son cambios de luces, sino apago y enciendo lentamente. Ok. Ok.

Huáscar: Imbert, acuérdate que nosotros estamos frente a la Feria Ganadera.

Anton
io: Eso no puede fallar. Tú haces los cambios cuando estemos llegando a la posición de ellos. Tres veces. ¿Entendido? Ok. Otra cosa, para que esté todo bien claro. Los tiradores aquí somos el teniente Amado García Guerrero y yo. Pedro Livio sólo tirará en caso de que Amadito y yo fallemos. Los otros son retaguardia. Oigan bien, no quiero que nadie más tire, hay que evitar que nos matemos unos con otros por un error pendejo.

Amadito: Por supuesto, y yo o Antonio, cualquiera de los dos que caiga… al que le quede atrás tiene que tirar pa’lante.

Antonio: Fifí, a propósito, tú tienes que estar alerta, tu estarás solo.

Sadhalá: Fifí, es mejor que dejes encendido el motor, por si las moscas…

Fifí: ¿Pero pasa algo con el encendido?

Sadhalá: Es que un amigo mío tiene uno igualito y el encendido está fallando mucho….

Antonio: Bueno, bueno, Fifí déjalo encendido, llévate de Salvador, que es el dueño. ¿Está con suficiente gasolina?

Sadhalá: El tanque está lleno.

Antonio: Bueno, terminemos con esto, a sus posiciones.

Eran las 8:30 de la noche. La suerte estaba echada. Los tres vehículos toman posición.

8:40 p.m. En casa de Trujillo
Miguel Angel Báez Díaz cambió de vehículo, uno de los denominados “cepillos”, y entró a la Estancia Radhamés manejándolo. Trujillo no había llegado a su casa.

Miguel Angel: Hey, cabo, ¿el Jefe no ha vuelto de San Isidro?

Cabo: Aquí no, señor. Pero llamaron del Palacio avisando que el Jefe estaba allá.

Miguel Angel: ¿Qué usted sabe de su viaje a San Cristóbal?

Cabo: El carro ya está listo, se va en ése…

Se refería al Chevrolet Belair, modelo 57, azul pálido, de cuatro puertas con unas cortinas azules en el vidrio trasero, de bandas blancas en los neumáticos. Exactamente el carro que Zacarias estaba verificando en la mañana de ese día y el mismo que el teniente Amado García Guerrero había visto y confirmado como el vehículo en que el tirano se desplazaba a San Cristóbal y a paseos solitarios. En ese momento llega Trujillo acompañado del general Pupo Román. El tirano estaba sumamente molesto.

Trujillo: Pupo, no defienda a esos malagradecidos, vagos. ¡Ah, carajo! Yo soy muy viejo en esto. Pero yo sé, yo lo veo en la mirada, hay mucha gente conspirando para quitarme y ponerse ellos. Y de seguro que se están apoyando en los norteamericanos, por eso fue que saqué de aquí a ese embajador yanqui que vivía murmurándome.

Pupo: Jefe, si alguien estuviera conspirando, digamos alguien con fuerza, ya lo sabríamos, esto es muy chiquito y el pueblo le es leal.

Trujillo: En esa gente es que yo creo, después, coño. No es cualquiera que tiene cojones para enfrentárseme. Que esperen a que me muera, cuando yo quiera…

Pupo: Jefe, usted es el Benefactor de la Patria, nadie quiere su muerte…

Trujillo: Yo digo que en este país nadie ha hecho más que yo y, carajo, siempre aparecen los ingratos. El único que se puede comparar conmigo es Lilís, después todos fueron mierda, y después de mí más mierda. Aquí todo está hecho. Mire Zacarías, ¡prepare todo que nos vamos para San Cristóbal! Pupo, dígale al coronel Marcos Moreno que no quiero a nadie detrás de mí, que se quede la escolta. No quiero volver a decirle lo mismo.

Dos semanas atrás se habían suspendido la vigilancia y escolta del dictador por orden de él mismo. Aún así, el coronel Marcos Moreno, quien era el jefe de la escolta, mantenía una vigilancia discreta del tirano, secundado por el SIM y otros servicios secretos dirigidos por el general Arturo Espaillat, conocido como ‘Navajita’. Miguel Angel sale disparado del estacionamiento y al salir a la Gómez dobla hacia el Malecón y luego en dirección a la Feria.

9:00 p.m. En la feria de la paz
Miguel Angel Báez Díaz llega al sitio donde se encuentra Antonio de la Maza y sus compañeros, quienes al ver el ‘cepillo’ toman precaución, pues creen que se trata del SIM, ya que era el tipo de vehículo usado por el temible servicio secreto de la tiranía. Pero desde su interior sale una voz familiar.

Miguel Angel: Soy yo, Báez Díaz.

Antonio: Coño, si no hablas rápido te tiro. ¿Viene el hombre?

Miguel Angel: Pasa en cualquier momento. Y va a pasar por aquí, es seguro. Viene en el Chevrolet Belair, el azulito…

Amadito: ¿El modelo 57, de cuatro puertas, con bandas blancas en las gomas?

Miguel Angel: Sí, Amadito, bueno tú lo conoces. Es ése. Es seguro. ¿Y los otros carros?

Imbert: Ya están en sus posiciones.

Miguel Angel: Bien. Entonces me voy. En cualquier momento pasa. Dios está con ustedes.

Sadhalá: Contigo también, Miguel Angel. ¡Que Dios te bendiga!

9:15 p.m. En la feria ganadera
Huáscar Tejeda y Pedro Livio Cedeño permanecían dentro del Oldsmobile. El vehículo fue estacionado después de la Feria Ganadera, donde termina la línea de faroles de luz de la autopista, y con el frente hacia la capital. La vía no presentaba entonces la división de árboles que hoy tiene, así que la visibilidad era ideal. Al colocar el carro del lado contrario no levantaba sospechas.

Pedro Livio: La noche está clara, más clara que nunca. Ya son las nueve y quince, ¿qué horas tú tienes, Huáscar?

Huáscar: En el mío son las nueve y diez. Si en una hora no pasa, se jodió lo de hoy. Entonces será en Moca.

Pedro Livio: Me preocupa Fifí Pastoriza.

Roberto Pastoriza Neret había llevado el Ford Versalles hasta el mismo lugar donde coincidencialmente habría de darse el combate, a unos 100 metros del lugar y en igual posición que el Oldsmobile. Debajo de unos cocoteros, ligeramente oculto y con buena visibilidad del espacio por donde debían venir los vehículos. Dejó el vehículo encendido, la pistola Luger ‘sobá’ y repasando en su mente cómo actuaría en caso de que Trujillo lograra escapar de la emboscada de los dos primeros vehículos.

9:40 p.m. En casa de Angelita Trujillo

Trujillo estaba visitando a su hija Angelita luego de pasar por la casa de su madre. La casa de su madre estaba donde hoy se encuentra la Universidad APEC, en la Máximo Gómez con México. Ya se está despidiendo de su hija y el reloj marca las 9:30 cuando aborda el vehículo Chevrolet Belair conducido por el capitán Zacarías.

Angelita: ¡Papá, cuídese!

Trujillo: Ustedes son los que tienen que cuidarse. Yo estoy muy bien. ¡Zacarías, a San Cristóbal!

Zacarías: Sí, Jefe. Ah, Jefe, usted me perdone… Yo estoy medio preocupado con la escolta, que no esté ahí…

Trujillo: ¡Capitán, ocúpese de sus asuntos! Carajo, pero ahora si es verdad con todo el mundo opinando (gruñó entre dientes).

9:45 p.m. En la Avenida George Washington

No se habló más nada. El Chevrolet Belair azul se desliza calle abajo por la Máximo Gómez, lentamente, no hay prisa. Zacarías conoce bien a su jefe y sabe que no debe conducir rápido en esas circunstancias. Llega a la avenida George Washington y ya se aproxima a los alrededores de la Feria cuando Trujillo mira el reloj con las 9:44 y mira hacia el hospital Angelita (hoy lleva el nombre de Robert Reid, en honor al médico que apoyó la conjura contra Trujillo). Entretanto, el carro de caza ya está ubicado próximo a la esquina donde hoy se encuentra la Dirección de Pasaportes, en el Centro de los Héroes. Los ocupantes del vehículo están agarrados con la vista a la Avenida y alcanzan a ver el Chevrolet Belair azul.

Amadito: ¡Ese es! ¡Es el carro de Trujillo!

(al instante Imbert enciende el vehículo y las luces).

El capitán Zacarías divisa las luces de ese vehículo cuando son encendidas y siente algo raro, pero no le dice nada al Jefe, apenas mira las dos ametralladoras Thompson que lleva preparadas en el piso del carro a su lado. Aumenta a 60 km/h. Trujillo viene observando los edificios de la Feria de la Paz que albergó un evento internacional en el 1955. El tirano va despreocupado, hace a un lado su maletín personal con las siglas R.L.T.M., lleno de miles de pesos nuevecitos. Le incomoda el revólver 38 que lleva en el bolsillo derecho del pantalón, lo saca y lo pone a un lado del asiento trasero, levanta la mano izquierda y la coloca en el costado del sillón. El Chevrolet Byscaine ha comenzado a avanzar hacia la avenida del Malecón.

Amadito: ¡Coño es él!

Antonio: Imbert, acuérdate de apagar y encender las luces como te dije, no hagas cambios de luces, sólo enciende y apaga, Amadito ve tomando posición, acuérdate lo de las gomas, sólo tirale a las gomas después que yo haga el primer disparo. Ojalá que esta maldita escopeta no se tranque ahora. Ahí va el hombre, ¡que no se te vaya Imbert!

Imbert: Cóño, allá vamos, no se apuren que a mí no se me va…

Son las 9:50 en el reloj de Antonio de la Maza
Llegó
 la hora, el carro de Trujillo pasa frente al carro con el grupo de conjurados. El carro de caza avanza, primero lentamente para no levantar sospechas. Zacarías mira por el espejo retrovisor y advierte que un carro acaba de entrar a la avenida y viene detrás de ellos, decide aumentar la velocidad a 80 km/h. Trujillo advierte la acción de Zacarías, lo mira pero no dice nada, solamente bosteza un par de veces y mira hacia el lado derecho llegando a la Feria Ganadera. Advierte inquietud en Zacarías.

Trujillo: ¿Qué le pasa, Zacarías?

Zacarías: Jefe, es que ahí viene un vehículo, pero no acaba de pasar…

Entretanto, dentro del carro de caza.

Antonio: Oye Imbert, apaga y enciende no hagas cambios que ya estamos llegando a donde estan los otros…

En el segundo carro donde estan Pedro Livio y Huáscar.

Pedro Livio: Enciende Huáscar, que esos dos carros tienen que ser ellos…

Huáscar: Pero no veo los cambios de luces…

Pedro Livio: Son ellos, coño, son ellos… ¡Dale que se va el cabrón!

Huáscar avanza y da vuelta a toda velocidad, cuando los dos carros pasan por su lado hacia San Cristóbal. El carro de Trujillo va por la derecha de la autopista y por la izquierda se le acerca el carro de caza. La distancia se acorta. Tranquilidad en el carro de Trujillo, tensión en el carro de los conjurados. Antonio toma posición con la escopeta recortada, con cartuchos rellenos de bolas de acero en lugar de perdigones y con doble carga de pólvora. Amadito rastrilla la M-1 y toma posición, es zurdo y eso le facilita una buena posición desde el lado derecho del vehículo. Antonio inicia el ataque con su grito de guerra.

Antonio: Trujillo, soy yo Antonio de la Maza… ¡Te llegó tu hora!

Dispara certeramente con la escopeta impactando en el brazo y el pecho del tirano, llevándose de encuentro el vidrio trasero y la ventanilla lateral del carro. Zacarías intenta dar un giro, pero Amadito ya está disparando a los neumáticos perforando el izquierdo trasero. El chofer de Trujillo pierde el control del carro y va a parar a un lado de la autopista. Antonio apunta a Zacarías, pero la escopeta se encasquilla y pierde unos segundos tratando de apuntar con la carabina M-1, lo que da tiempo a Zacarías para armarse con la ametralladora Thompson. En la confusión, el carro de caza se va adelante del carro de Trujillo, pero frena y se devuelve, ahora los dos vehículos estan frente a frente y se inicia un fuerte intercambio de disparos. Zacarías llama a Trujillo, pero éste está terriblemente herido con el brazo izquierdo desecho y sangrando profusamente de la boca por el impacto de una bola de rodamiento de acero que le destruyó parte del mentón. Al verse acorralado, el tirano hace un esfuerzo de salir de la emboscada, cuando Zacarías intenta devolverlo para adentro del carro al tiempo que dispara hacia los atacantes. Trujillo tiene un pie afuera y Zacarías recibe el primer impacto de bala, por lo que dispara una ráfaga de tiros, agarra la otra metralleta, sale del vehículo y se escuda con la puerta disparando a discreción.

Antonio: Están disparando mucho, hay que salir de Zacarías. Amadito, concentra el fuego en Zacarías. Yo voy a otra posición. ¡Imbert y Salvador, cúbrannos!

Antonio de la Maza se ubica en una nueva posición de tiro desde donde pueda poner fuera de combate al chofer de Trujillo, que dispara como una fiera. Es así como desde el ángulo derecho del carro de Trujillo, Antonio dispara a Zacarías por debajo del vehículo alcanzándolo en las piernas y este intenta rechazar la acción cuando el fuego cerrado de Imbert y Amadito lo impactan, cayendo entre unos arbustos a su lado izquierdo. Lo dan por muerto. Amadito está herido en un pie y lo mismo Imbert, menos Antonio y Sadhalá. En ese instante llegan Huáscar y Pedro Livio, quien se baja del vehículo empuñando la M-1, al acercarse al carro de Trujillo se oyen dos disparos y uno de ellos lo impacta en el pecho tumbándolo al pavimento, ahí ve a Trujillo tratando de levantarse recostado en el Chevrolet y dando tumbos, herido y sin posibilidad de disparar llama a Huáscar.

Pedro Livio: Coño, me dieron… Huáscar, miralo ahí, tírale que se va…

Huáscar avanza con el Oldsmobile hacia la silueta del tirano y lo impacta lanzándolo al frente de su carro. El tirano no se mueve. Antonio se acerca, pistola en manos, rastrilla, apunta y dispara al pecho de Trujillo. El cuerpo está inerte. Imbert llega y también le dispara al cuerpo sin vida del tirano. Sadhalá auxilia a Pedro Livio. Es cuando llega Roberto Pastoriza, quien ha oído los disparos. En ese momento aparece un vehículo que viene desde la Feria Ganadera y Sadhalá apunta y hace dos disparos, lo que hace que el vehículo dé marcha atrás, gire y se devuelva por donde vino.

Antonio: ¡Por fin, salimos de este loco!

Sadhalá: Hay que irse de aquí rápido, Pedro Livio está malherido.

Antonio: ¿Qué carro era ése que se devolvió?

Sadhalá: Debe ser del SIM, le tiré pero no lo alcancé.

Antonio: ¿Dónde está Zacarías?

Imbert: Está ahí, muerto.

Antonio: Bien, ahora hay que encontrar a Pupo Román.

Sadhalá: El general Pupo debe estar preparado y Amiama Tió debe estar junto con él.

Antonio: ¿Qué te pasa, Amadito, te dieron?

Amadito: Tengo una herida en el pie, pero sigamos…

Antonio: Fifí agarra por ahí, vamos a meter el cuerpo de Trujillo en el baúl de mi carro, Imbert ve ábrelo.

Sadhalá: ¿Qué vamos a hacer con Pedro Livio, está muy mal?

Antonio: Lo que habíamos tratado, el que salga mal herido…

Sadhalá: No estoy de acuerdo…

Antonio: Hagan lo que les parezca, total Trujillo ya está muerto…

El acuerdo era que quien saliera herido en la acción sería inmediatamente ejecutado por los compañeros, sin embargo en ese momento algunos se opusieron a la ejecución de Pedro Livio Cedeño, herido por una bala perdida. Había finalizado con éxito el plan de acción para eliminar físicamente al tirano. Ahora faltaba poner en camino el golpe de Estado. Eran las 10:15 de la noche cuando abandonan el teatro de los hechos, en el kilómetro diez de la hoy autopista 30 de Mayo.

El carro de Trujillo fue dejado a un lado de la vía, cercano estaba moribundo el capitán Zacarías de la Cruz, herido en las piernas, el torax y la cabeza, pero con vida aún alcanzó a oír la conversación de los ajusticiadores del tirano. Roberto Pastoriza había dejado el Ford Versalles de Sadhalá a un lado de la avenida por desperfectos. Los conjurados habían puesto el cadáver de Trujillo en el baúl del carro de caza. En el Oldsmobyle regresaban Pedro Livio, Pastoriza y Huáscar al volante. En el carro de caza van Imbert, quien maneja, Antonio de la Maza, Sadhalá y Amadito. Silencio total. Habían cumplido la gran misión. Antonio llegó a recordar una casualidad.

Antonio: Caramba, hoy estamos a 30, un día como hoy, el 30 de mayo del 1930, Trujillo llegó al poder. Pero ya se le acabó. ¡Nunca más!

 Falla el golpe de Estado

10:10 P.M. Sorpresa en la Avenida

La
 primera parte del plan contra el régimen trujillista se había cumplido. Antonio de la Maza da la orden de partir de allí. Roberto Pastoriza se une al grupo. Pedro Livio Cedeño, herido, es ayudado por Salvador Estrella Sadhalá. Antonio Imbert Barrera está herido. Huáscar Tejeda se dispone a recoger algunas armas y a colocarlas dentro del Oldsmobile, y el teniente Amado García Guerrero, también herido en el talón del pie derecho, se dispone a partir de allí. Trujillo yace en el pavimento sobre un charco de sangre.

Antonio: Fifí, ayúdame a meter este bastardo en el baúl.

Pastoriza: Coño, pero ustedes lo volvieron un guayo…

Antonio: Hoy, fue él quien perdió…

Sadhalá: Muchachos, Pedro Livio se puede salvar…

Pedro Livio: ¡No jodas! Salvador, que Antonio y yo tenemos un acuerdo de hombres…

Salvador: El acuerdo será entre ustedes, yo no sé de eso… Trujillo está muerto y tú tienes que disfrutar de esta libertad ahora…

Antonio: Arréglensela como ustedes quieran. Rematen a Zacarías.

Amadito: Despreocúpate, que ya le di un tiro en la cabeza.

Aquel disparo rozó la parte superior de la cabaza de Zacarías. El chofer de Trujillo se hizo el muerto, al verse terriblemente herido en el addomen y las piernas. Aún así pudo escuchar los nombres de Pupo Román y Juan Tomás Díaz. Su reacción ahora era escapar del cerco, no enfrentar al grupo, pues estaba en desventaja. Su instinto de supervivencia lo llevaron a decidirse por hacerse el muerto, pese a que mantenía cerca de sí la ametralladora Thompson.

Antonio: ¡Bueno, ahora muévanse rápido! Huáscar, llévate a Amadito.

Sadhalá: Pedro Livio se va con nosotros.

Antonio: Entonces hazte responsable de él. Imbert, yo manejo, nos vamos para donde Juan Tomás.

Roberto Pastoriza se ve en dificultades cuando al Ford Mercury de Sadhalá le falla el encendido. Acto seguido alcanza a Huáscar, que ya está dirigiendo el Oldsmobile hacia la capital.

Pastoriza: El carro ese falló, lo voy a dejar ahí…

Huáscar: Tenemos que dejar el lugar, después lo vendremos a buscar. ¿Amadito, cómo estás?

Amadito: No se preocupen por mí. Yo estoy bien.

Amadito tenía el tobillo y parte del talón del pie destruido. El dolor era terrible, pero la bilirrubina estaba alta y le ayudaba a aguantar. Numerosas imágenes le pasaban por la cabeza, y en cierta medida se sentía satisfecho de la acción. En el Chevrolet Byscaine iban Imbert Barrera, Antonio de la Maza al volante, Salvador Estrella Sadhalá y Pedro Livio Cedeño, y en el baúl el cadáver de Rafael Leonidas Trujillo Molina. Por su lado, el capitán Zacarías de la Cruz, chofer de Trujillo, al sentir los ruidos de los carros partiendo y alejándose, se dirigió hacia la carretera Sánchez por el kilómetro siete y medio, donde fue auxiliado. 30 minutos después estaba en la mesa de operación del hospital militar George Marión. Ya allí es interrogado por el coronel Roberto Figueroa Carrión, jefe del Servicio de Inteligencia Militar. Detienen el inicio de la operación y le cuestionan sobre el paradero de Trujillo.

Figueroa: Capitán Zacarías, ¿dónde está Trujillo?

Zacarías: El Jefe fue asesinado y se lo llevaron gente de Pupo Román, señor.

Figueroa: Ya sabemos que hubo un tiroteo, yo vengo de allá y encontramos el carro del Jefe, hay sangre y también hay un vehículo de Salvador Estrella Sadhalá.

Zacarías: Entre la gente que yo reconocí estan Antonio de la Maza, Imbert Barrera, y también el teniente Amado García Guerrero….

Figueroa: ¿Cómo? ¿Y qué es lo que está pasando? ¿Usted no mató a nadie?

Zacarías: Yo tiré con todo lo que tenía, pero eran muchos uno de ellos yo sé que lo herí cuando se me acercó por atrás y agarró a Trujillo, cuando sacaba al Jefe, ahí mismo le metí un tiro en el pecho, pero después no sé qué me pasó, sólo oí cuando ellos se iban que tenían que dar un golpe de Estado o algo así…

Figueroa: ¿Usted oyó bien? ¿Un golpe de Estado?

Médico: Disculpe coronel, pero si no lo opero ahora este hombre se puede morir…
Figueroa: Cállese, carajo, usted no ve que es del Jefe que se trata, coño, quíteseme de ahí. Dígame, Zacarías, ¿qué es eso de un golpe de Estado?

Zacarías: Coronel, eso fue lo que yo oí cuando decían que Pupo Román debía dar el golpe de Estado, ¡ah! también oí el nombre de un tal Modesto, otro Tió…

El coronel Figueroa Carrión establece los mecanismos de seguridad y avisa al SIM y a Negro Trujillo.

10:30 P.M. En casa de Pupo Román
El mayor general José René Román Fernández, secretario de las Fuerzas Armadas, se prepara para acostarse cuando llega el coronel Arturo Espaillat, alto jefe del SIM.

Pupo: ¿Qué le trae por aquí, coronel?

Espaillat: General, ¡emboscaron a Trujillo!

Pupo: ¿Está seguro?

Espaillat: Sí, general. Yo quise intervenir, pero me cayeron a tiros, y yo estaba solo con mi esposa. Así que vine directo donde usted…

Pupo: ¿Alguien más sabe de esto?

Espaillat: De seguro que sí…

Pupo: ¿Dónde ocurrió?

Espaillat: En la Avenida, después de la Feria Ganadera. Voy a avisar al SIM…

Pupo: No, no, espéreme, que vamos para allá. Déjeme cambiarme…

Pupo Román quiere tiempo para reaccionar. Llama a la casa de Amiama Tió, pero no lo consigue. La noticia, si era verdad, alguien lo llamaría. Espera unos minutos, se da tiempo a ver si su compadre Amiama Tió lo llama, pero no ocurre nada. No sabía cómo actuar en aquella situación. Estaba enrolado en la conspiración para dar el golpe de Estado, pero no sabía cómo se eliminaría a Trujillo ni cuándo, sólo pidió ver el cadáver del tirano para entonces entrar en acción. El estaba allí parado, estático, y los minutos se hacían horas interminables. Había comprometido a varios de sus subalternos que le eran fieles en caso de que algo pasara con Trujillo. Su esposa lo hizo reaccionar, cuando de pronto la oyó hablar con Espaillat. Entonces llama a la jefatura y ordena acuartelamiento. Entretanto, su esposa Mireya García, sobrina de Trujillo, ya está recibiendo la noticia de boca de Espaillat.

Mireya: Ay, Dios mío, no puede ser, no te lo creo. ¡Qué tragedia! Voy a llamar a Tío

Negro. ¿Qué tú vas a hacer, Pupo?

Pupo: Llamé a Negro, pero no está, así que mandé a acuartelar al ejército. Mire coronel, preséntese ante sus superiores y que esperen mis órdenes, principalmente al coronel Figueroa Carrión, que no se mueva sin una orden mía.

Espaillat: Sí, señor.

Mireya (quien se ha comunicado con Negro Trujillo): Tío Negro, soy yo, Mireya. Es que aquí vinieron con que un grupo de traidores atacó a tiros al Jefe. ¡Pupo, Pupo, ven! ¡Es tío Negro! ¡Ay Dios, Virgen de la Altagracia!

Pupo: ¡Estoy dando las órdenes! Ya ordené el acuartelamiento de todas la tropas! ¿Cómo, Zacarías herido? Pero debieron de haberme llamado primero… Bueno, ¡salgo para allá!

En la casa de Juan Tomás Díaz

Huáscar llega primero a la casa por la parte de la César Nicolás Penson. Dando la noticia y partiendo inmediatamente. Juan Tomás y Modesto son advertidos y salen en procura de Luis Amiama Tió y Pupo Román. Antonio de la Maza entra conduciendo el vehículo por la parte que da a la Moisés García. De la casa sale el doctor Bienvenido García Vásquez.

Antonio: Oye Bienvenido, llámame a Juan Tomás.

Bienvenido: Pero él no está aquí.

Imbert: ¿Cómo que no está, y dónde está él?

Bienvenido: Salió junto con Modesto.

Antonio: ¿Quieres ver el cadáver?

Bienvenido: No, no…

Antonio: Mira, Bienvenido, tenemos a Pedro Livio muy malherido y necesitamos un médico de confianza. ¿Tú conoces a alguno que lo pueda curar?

Bienvenido: Voy a tratar.

Antonio: Llamen a los otros, principalmente a Angel Severo Cabral y a Ovín, que lo localicen.

Quince minutos después vuelve Bienvenido García Vásquez con el doctor Marcelino Vélez Santana, quien examina la herida de bala de Pedro Livio Cedeño.

Marcelino: Tú estás muy mal, Pedro Livio, esa bala casi te parte el corazón.
Antonio, él tiene que ser operado rápidamente, ha perdido mucha sangre.

Antonio: Eso empeora nuestra situación, él no va a ninguna clínica. Mira, llévatelo tú y déjalo por ahí…

Sadhalá: No, no, no. El tiene que operarse, que no se muera, Pedro Livio ha luchado mucho por esto y no puede ser que muerto Trujillo nosotros seamos los que disfrutemos de esta libertad…

Antonio: Mira Salvador, yo soy quien manda aquí y hay un acuerdo. No jodas más con eso. Marcelino, ve a ver lo que ustedes hacen, te lo dejo a ti. Resuelve tú.

11: 00 P.M. En las calles de Gazcue
Se llevan a Pedro Livio Cedeño en su propio carro. Juntos, Bienvenido García Vásquez, Marcelino Vélez Santana y el chofer de confianza, Mirito.

Marcelino: Hay que salvar a Pedro Livio, ¿qué tú crees?

Bienvenido: Bueno, estamos cerca de la Clínica Internacional, yo conozco al director de ahí, el doctor Damirón…

Marcelino: Sí, yo lo conozco, pero es mejor que yo no baje. Vamos para allá, Mirito dale…

11:10 P.M. En la clínica Internacional, en Gazcue
Una vez en la Clínica Internacional, ubicada en la calle México, a una cuadra de la Secretaría de Finanzas, Bienvenido García contacta al doctor José Joaquín Puello.

Puello: El doctor Damirón se fue a su casa, pero dígame en qué le puedo ayudar…
Bienvenido: Que venga Damirón, pero mientras tanto ayúdame con un amigo que tengo ahí herido…

Puello: Espérese, déjeme buscar una camilla.

Instantes después llega el doctor Arturo Damirón Ricart. Y Bienvenido, que había salido a la casa de Juan Tomás, vuelve y se encuentra con el cirujano.

Damirón: Bienvenido, ven acá, Pedro Livio está con esa herida de bala, al chofer de Trujillo lo están operando en el Marión…

Bienvenido: ¿Cómo? ¿Ese hombre está vivo?
Damirón: Yo voy a operar a Pedro Livio.

Presentes en la clínica estaban los doctores Abel González y Luis Despradel Brache. Pero la noticia de este herido corrió como pólvora y en menos de una hora se presentaron Petán Trujillo, Johnny Abbes y Roberto Figueroa Carrión. Pedro Livio es el primer preso de la acción contra Trujillo.

11:00 P.M. En el consulado norteamericano
El primer revés del golpe de Estado.

El cónsul norteamericano en el país, Harry Dearborn, está dirigiendo un mensaje en clave hacia Washington. En ese mensaje da cuenta de la muerte violenta de Trujillo. Pide orden de acción. Se le ordena no tomar ninguna acción, únicamente resguardar a los agentes de la CIA y no entrar en contacto con los autores del complot contra Trujillo.

11:00 P.M. En la casa De Pupo Román

Pupo iba para la residencia de Juan Tomás, ubicada a unas cinco cuadras de la suya, cuando al pasar por el frente de su casa advierte la llegada de su cuñado, Ramón Menéndez, y se detiene.

Pupo: Ramón, parece que pasó lo peor. Mireya, llámame ahí a Santiago, al general César Oliva.

Mireya: ¿Pero qué pasó con Tío Trujillo? Aquí te llamó Figueroa Carrión, Johnny Abbes, tío Negro y nadie me dice nada… ¡Ah! También te estuvo buscando Luis Amiama Tió…

Pupo: Pásame el teléfono (se comunica con el general Olivo, comandante del ejército en Santiago). Olivo, soy yo Pupo, acuartela a tu tropa que acaba de pasar algo aquí, lo más grande que te puedas imaginar. Mireya, me voy a la base.

Sin embargo, ya sus órdenes no eran cumplidas, pues se estaba en conocimiento de la citación de su nombre en el interrogatorio a Zacarías, en su lecho del hospital militar Dr. George Marión, hacía apenas unos minutos, y Espaillat lo seguía de cerca. Pupo sale para la base 18 de Diciembre (hoy Sans Soucí). En el trayecto intenta detenerse en la casa de Juan Tomás Díaz cuando advierte que un carro le sigue detrás sospechosamente, así que pisa el acelerador y se dirige hacia su oficina cruzando el Puente Radhamés (hoy Puente Juan Pablo Duarte), única vía de acceso sobre el río ozama. Luego de pasar el puente advierte que los esbirros del SIM ya están tomando posición para tomar control en la parte oriental de acceso, pero sigue raudo para la base. Mira por el espejo retrovisor y ya nadie lo sigue. Una vez en su oficina llama al entonces Presidente de la República, doctor Joaquín Balaguer, y a Negro Trujillo.

Pupo: Negro, ya estoy en la base, es mejor que tengamos una reunion aquí lo más rápido posible…

Negro: Quédate ahí, no te muevas. ¡Ah! Y no me llames a más nadie, que yo tengo todo bajo control.

Negro Trujillo ya tiene la información que le dieran del interrogatorio a Zacarías. Pupo no sabe nada. Piensa en llevar a cabo su plan de tener bajo control a Balaguer y lo invita a una reunión en su despacho.

Pupo: Señor Presidente, tenemos una reunión de emergencia en la base, así que es mejor que usted se presente aquí…

Balaguer: Mire Pupo, usted sabe bien que mi lugar es aquí en el Palacio Presidencial, así que esa reunión debe hacerse en la Presidencia. Los espero aquí (y le cuelga el teléfono).

Ya en su despacho, Pupo está recibiendo a la alta oficialidad. De alguna manera se percata que algo no funciona bien, pues cada orden que da es consultada entre ellos mismos. Son ya las 11:30 de la noche.

11:15 P.M. En casa de Juan Tomás Díaz
Marcelino Vélez Santana y Bienvenido García Vásquez vuelven y se encuentran con el grupo en el patio.

Antonio: ¿Dónde dejaron a Pedro Livio?


Marcelino: Está en buenas manos, en la Clínica Internacional.

Visiblemen
te malhumorado por esa acción, llama al médico.

Antonio: ¡Ah! Espérate un momento, ven acá quiero que veas el cadáver de Trujillo…

Antonio de la Maza le muestra a Marcelino el cadáver del tirano colocado en el baúl del Chevrolet Byscaine. El doctor Marcelino Vélez Santana era un amigo de confianza de Antonio de la Maza y sabía del complot, pero nunca le pasó por la cabeza que alguna vez en su vida tendría que ver aquella escena y mucho menos ser el primer médico en auscultar el cuerpo del tirano y verificar que estaba muerto. En medio de toda la espectación del grupo de hombres allí reunidos tenía que pronunciar aquellas palabras lapidarias que tranquilizaron a los presentes. Antonio de la Maza, Imbert Barrera, Estrella Sadhalá y Pedro Livio Cedeño, jadeantes pero atentos, miraron cada movimiento del médico. Marcelino auscultó el cuello presionando ligeramente para constatar que no había movimiento de circulación de sangre por la vena aorta. El cadáver presentaba el mentón destruido, el lado izquierdo superior de la cara hundido, y perforaciones de bala en todo el torax y en el brazo izquierdo. Ellos estaban seguros de que el tirano yacía muerto, pero por una sensación indescriptible de sentirse aún más seguros querían la constatación de aquel médico. Finalmente, el doctor Marcelino Vélez Santana se retira unos pasos, siente las miradas, y casi se “engranoja” cuando pronuncia aquellas lapidarias palabras.

Marcelino: ¡Está muertecito!

Todos los presentes, al oír aquellas palabras, menearon sus cabezas en un gesto de sí, y a partir de ahí sus caras se tornan tranquilas, no de satisfacción, sólo de calma. La respiración de momentos atrás había cambiado por una normal. De cierta manera se sienten seguros y calmados. El tirano estaba muerto, “muertecito”, y nada lo podría revivir.


Antonio: ¡Yo sabía! Ese tiro de gracia se lo dí yo.


Entre dientes y para sí hablaba sin que los otros pudieran oír claramente lo que decía Antonio. Cada uno reflexionaba aquel momento. En eso llega Juan Tomás Díaz. Antonio quiere mostrarle el cadáver, pero Juan Tomás se niega.

Antonio: El hombre está muerto. Ahora les toca a ustedes, hay que traer a Pupo Román para que comience el golpe de Estado.

Juan Tomás: Pupo no aparece…
Antonio: Coño, pero no me digas una cosa así. ¿Y qué hay de Luis Amiama Tió?
Juan Tomás: Anda buscando al hermano de Pupo…

Antonio: ¡Anda pa’ el carajo! Se apendejearon toditos… Allá abajo, con los tiros, se volvieron una mantequilla y ahora ustedes también… No sea pendejo…
Juan Tomás: ¡No me eches vaina, Antonio! Ya tú hiciste tu parte… ahora nosotros haremos la nuestra. Pero no es tan fácil, un golpe de Estado es cosa seria…
Antonio: Pero es que nadie está cumpliendo los acuerdos del complot, ¡toditos se han ido en mierda! ¿Y quién entrará ahora en contacto con la CIA?
Juan Tomás: Angel Severo Cabral debe estar avisado y también debe irse a la radio a pronunciar la proclama… No te preocupes, Antonio…

El día 30 de mayo Angel Severo Cabral y su esposa cumplen 25 años de unión matrimonial y lo celebran en su hogar. Es Ovín Filpo quien llega con la noticia y salen a poner en marcha la parte del plan que les toca. Aunque se procura al cónsul norteamericano, Henry Dearborn, inexplicablemente éste no responde al llamado de los conjurados. Asimismo, no se puede hacer contacto con Stocker, ni con Lorenzo Berry, ni mucho menos con el jefe de la CIA en el país.

Juan Tomás: Yo mandé a mi familia a un escondiste. Ahora lo que deberíamos hacer es desaparecer de aquí hasta que aparezca Pupo. Ya he visto muchos movimientos raros de la gente del SIM por aquí….

Antonio: Qué vaina es esa Juan Tomás, qué tú estás hablando de esconderse… Yo no me escondo, ¡carajo!. Toditos ustedes se han vuelto mantequilla. ¡Aquí hay que coger para el Palacio y asaltarlo!
Juan Tomás: Pero tú te estás volviendo loco, Antonio…
Antonio: Bueno, hasta solito me voy…
Modesto: Antonio hay que esperar la acción de Pupo…
Antonio: No, esto está muy lento.
Tió: Sí. Pupo no está respondiendo y no podemos hacer contacto con él, pero ir al Palacio no resuelve nada.
Antonio: Yo estoy con que cojamos para allá, ¿quién me acompaña?
Salvador: Antonio, esto no es así, ya acabamos con Trujillo, déjalos a ellos actuar, déjalos que hagan su parte…
Juan Tomás: Antonio, tú crees que a mí no me agrada esa idea, claro, pero nos matarían a todos…
Antonio: Como va la cosa nos matarán uno a uno… Yo voy a averiguar dónde está Pupo…
Antonio De La Maza, no se equivocó. Los ajusticiadores directos del tirano habrian de morir asesinados y en enfrentamientos con los remanentes del trujillismo.
11: 45 P.M. En el palacio presidencial
El mayor general Pupo Román llega al Palacio acompañado de su escolta. Envía un emisario a la casa de Juan Tomás Díaz, el cual es seguido por agentes del SIM y detenido al llegar a la calle Rosa Duarte. Cuestionado allí mismo dice que llevaba un mensaje de Pupo a la casa de un amigo de él, el general retirado Juan Tomás Díaz. Los agentes lo detienen y avisan por radio a sus superiores de la acción de un subalterno de Pupo. El SIM no le informa a Pupo de la detención de su emisario. No hay ningún contacto y las horas avanzan. El cuerpo de Trujillo no se encuentra. Pupo se entera de que agentes del SIM encontraron una pistola 45 en el lugar de la emboscada al carro de Trujillo, ya se sabe que pertenece a Juan Tomás Díaz, también ya se identificó el propietario de un Ford Mercury, es de Salvador Estrella Sadhalá. Hacia la medianoche los cuerpos de seguridad del régimen tienen varios nombres de sospechosos: Salvador Estrella Sadhalá, Juan Tomás Díaz, Pedro Livio Cedeño y el mismo Pupo Román, el militar de mayor rango después de Trujillo y jefe de las Fuerzas Armadas. Pupo ya estaba bajo vigilancia, cada uno de sus pasos era seguido de cerca. Ya todos los hermanos del tirano se encontraban alerta. Ramfis, hijo del tirano y jefe del Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas, se encontraba fuera del país, pero ya había sido localizado y pedido su vuelta inmediata desde Europa. Llegaría al amanecer del 31.

Los conjurados tenían dos elementos en contra del plan para el golpe de Estado. El primero, la CIA había sacado sus manos, dejándolos a su suerte, y lo que es peor: no se lo habían informado a los complotados. Y segundo, el principal militar que debía realizar movimientos de tropas a favor del golpe de Estado contra el régimen trujillista estaba aislado de los mandos de poder.

12:15 A.M. En casa de Juan Tomás Díaz
Juan Tomás Díaz, Antonio de la Maza y el doctor Marcelino Vélez Santana inician una búsqueda intensa de sus contactos, alejándose de la casa de Juan Tomás. Cuando deciden volver se encuentran con movimientos extraños de agentes del SIM. Es medianoche.

Entre medianoche y cuatro de la mañana, en Gazcue

En las cuatro horas siguientes los heridos en la refriega habían sido atendidos por médicos amigos. El doctor Manuel Durán Barrera auxilió al teniente Amado García Guerrero y a Antonio Imbert Barrera, de quien era primo hermano; Estrella Sadhalá fue socorrido por el doctor Rafael Arturo Batlle Viñas, reconocido antitrujillista.

Luis Amiama Tió procuró donde esconderse al ver el fallo de las primeras acciones para el golpe de Estado. Juan Tomás Díaz y Antonio de la Maza, junto a Marcelino Vélez Santana, son ayudados por el doctor Robert Reid en su residencia ubicada en la calle Cervantes esquina Santiago.

Huáscar Tejeda procura ayuda con sacerdotes amigos y Roberto Pastoriza con amigos de la embajada de Italia en el país. A las cuatro de la mañana del 31 de mayo del 1961 es encontrado el cadáver de Trujillo en el baúl del Chevrolet de Antonio de la Maza, estacionado en el garaje de la casa de Juan Tomás Díaz (calle César Nicolás Penson 63, en Gazcue). Ninguno de los conjurados se encontraba en el lugar. Sin comunicación entre ellos, todos los miembros principales del complot estaban en desbandada. Fue así, como efectivamente había pronosticado Antonio de la Maza, que irían cayendo uno a uno.

10: 40 P.M. En el barrio de Gazcue
Pupo recibe la confirmación de boca de Negro Trujillo, hermano del tirano, quien ya está dando el alerta a los mandos militares. Pupo llama a su hijo Alvaro para que se prepare. Por su lado, el coronel Espaillat (alias Navajita), quien tenía formación del West Point, advierte que la conducta de Pupo no es la esperada en estos casos. Supone que algo extraño estaba sucediendo, así que decide seguirlo sin que éste lo sepa. Pupo arranca en su carro desde su casa, ubicada en la esquina de la César Nicolás Penson con Máximo Gómez (donde hoy se encuentra el consulado de los Estados Unidos de Norteamérica), y en vez de dirigirse hacia abajo por la Gómez se dirige hacia el Este por la César Nicolás Penson, y al llegar a la casa número 63 (la casa de Juan Tomás Díaz) se detiene unos segundos, pero no ve a nadie. Espaillat lo está siguiendo y ve cuando Pupo se dirige hacia la avenida George Washington, cuando le va a seguir advierte la llegada de un carro que entra velozmente a la número 63. Asimismo, nota cuando un carro le pasa por un lado dirigiéndose velozmente a la calle Moisés García (calle paralela a la César Nicolás Penson), pero le cae atrás a Pupo. Ese carro que entra por la Moisés García es el carro de caza que lleva en el baúl el cadáver del tirano, y entra al patio de la casa de Juan Tomás Díaz por la parte posterior que da a esa calle. La casa tenía dos entradas.

 km. 8, Avenida George Washington
El segundo revés del golpe de Estado

Pupo llega al escenario de la muerte del tirano. En el lugar ya están presentes agentes del SIM, quienes tienen la orden de vigilarlo. Pupo advierte una actitud extraña de parte de los esbirros de la tiranía en el sentido de que le hacen poco caso. Arturo Espaillat llega y también lo mira constantemente, como animal a su presa.

Pupo: ¿Sargento, qué han encontrado?

Sargento: El carro del Jefe está ahí y también hay otro carro por allá…
Pupo: ¿Qué encontraron?

Sargento: Sólo los papeles del carro. ¿Usted no es el mayor general Román?
Pupo: Sí, soy yo. Reúname a todos los que están aquí…
Sargento: Bueno, ya tenemos órdenes…
Pupo: ¿Quién?
Sargento: El coronel Figueroa. Llamó por radio y dice que sólo él está al mando.
Pupo: Está muy bien eso. Dígale que me llame por radio.

Pupo Román parte del lugar sin percibir que es seguido por Arturo Espaillat. Toma el camino devuelta. En ese instante llegan el coronel Jorge Moreno, jefe de la escolta de Trujillo, junto al general Pou Leyva, y ven partir a Pupo. Ya están sobreaviso, se desconfía de Pupo Román y sólo se obedecen órdenes de Figueroa y Negro Trujillo directamente.

Los acuerdos del complot eran los siguientes:

1.- Eliminación de todo compañero que después de herido no pudiera valerse por sí mismo.

2.- Fusilamiento de todos los hermanos del tirano, excepto Héctor Trujillo (Negro), punto de vista defendido por el general Díaz, pero a quien los De la Maza ejecutarían igualmente.

3.- La deportación de las hermanas del tirano y de sus hijos, así como de la madre.

4.- (Este punto no fue autorizado a publicarse. El autor respeta la fuente y pide disculpa al lector).

5.- La proclamación del general Díaz como jefe de la Fuerzas Armadas, cargo que mantendría por tres meses.

6.- Si Balaguer se niega, se le llevaría a punta de pistola al Palacio y se integraría una junta civil gubernativa presidida por Modesto Díaz.

7.- El arresto y fusilamiento de varios personeros militares (el autor sólo fue autorizado a divulgar los nombres de Johnny Abbes, el coronel Roberto Figueroa Carrión, el coronel Marcos Jorge Moreno y el coronel Luis José León Estévez, entre otros).

8.- Declaración de propiedad del Estado de todos los bienes de la familia Trujillo, las de sus personeros y asociados, bajo el entendido de que todo asociado se benefició de los abusos y de la explotación del Poder.

9.- El cierre de la frontera y la no admisión de exiliados hasta tanto no se estuviese control de la situación.

10.- El corte de las telecomunicaciones. (El contacto era un español de apellido Martínez, quien sería dirigido por Manuel de Ovín Filpo, también español).

Como mueren la mayoria de los heroes del 30 de mayo

A excepción de Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barrera, murieron en combate desigual el teniente Amado García Guerrero, el 2 de junio, en la casa de su tía, en la San Martín casi esquina Leopoldo Navarro.

Antonio de la Maza y Juan Tomás Díaz, el 4 de junio, en la calle Bolívar esquina Julio Verne. En la masacre del 18 de noviembre, en la Hacienda María, son ejecutados por Ramfis Trujillo: Roberto Pastoriza, Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño, Salvador Estrella Sadhalá, Modesto Díaz y Luis Manuel Cáceres.

Bajo tortura mueren todos los hermanos De la Maza: Mario y Bolívar en La Vega, Pirolo en la cárcel del kilómetro 9 de la Sánchez (en el Distrito Nacional), Ernesto en la cárcel de La 40. El mayor general José René Román Fernández, preso desde el 2 de junio, es muerto a balazos por Ramfis el 12 de octubre, en Hainamosa.

Miguel Angel Báez Díaz muere el 18 de julio de un ataque cardíaco luego de ser torturados él y a su hijo, el teniente Miguel Angel Báez, quien murió bajo torturas inenarrables.

El doctor Robert Reid Cabral se suicida al verse atrapado por los esbirros y conocer cuál sería su destino. Se corta las venas en su casa y muere desangrado antes de llegar a la Clínica Internacional. Segundo Imbert, hermano de Antonio Imbert Barrera, muere a balazos luego de ser sacado de la carcel de La Victoria.

Ent
re los sobrevivientes, gestores y de acción de la gesta patriótica del 30 de mayo, viven aún Antonio Imbert Barrera, Miguel Angel Bissié y Manuel de Ovín Filpo. Luis Amiama Tió murió recientemente (1987).

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